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El poema de Juan Ramón Jiménez El viaje definitivo revela esa sensación del adiós, de desaparecer mientras todo lo demás permanece: “Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando”.

Uno piensa que cuando ya no estés aquí seguirá saliendo el sol y que la lluvia abrillantará las calles de nuevo. Tus objetos, tus libros permanecerán quietos, esperándote. Tu familia y amigos no volverán a tocarte, a sentirte, y quedará tu recuerdo fijado en un puñado de fotografías. Y sí, todo continuará sin ti porque ya no estarás aquí.

Tres adioses guarda puntos de conexión con Mi vida sin mí (2003), con la enfermedad planeando sobre su personaje y las enormes ganas de vivir antes de irse, de ser vitalista y realizar deseos que habían quedado pendientes.

Coixet ahora, adaptando alguno de los relatos de la obra póstuma de Michela Murgia Tres cuencos. Rituales para un año de crisis, nos ofrece un drama vital. La directora logra que no nos dé rubor sentir la calidez que desprende esta película, sentida y bella en sus detalles. Una película que admite la pérdida desde el sosiego que emana de la actriz italiana Alba Rohrwacher, de facciones serenas, de mirada especial y profunda y de unos rasgos dulces, pese a que puede ser explosiva desde sus silencios y en esos soliloquios de maravillosa locura frente a una figura de cartón a la que ella sabe insuflar vida, como un amigo que siempre la espera.

Marta es profesora. Su pareja es un prometedor cocinero copropietario de un restaurante. La relación entre ambos queda rota a partir de una discusión banal y él, aun queriéndola, la abandona.

La melancolía, esa soledad no buscada, la sobrelleva todos los días hasta que aparece la sombra de una grave enfermedad. La realizadora no agranda el drama ni nos interna en demasiados detalles para rompernos el corazón. No lo hace. Al contrario, convierte a este magnético personaje en una persona que se acerca mucho más a la vida que a la muerte, que descubre nuevas sensaciones desde la cotidianeidad, atrapando el tiempo con ganas. Dos hombres forman parte de esta sentimental historia, personajes trazados sin excesivos pormenores pero importantes en la trama.

Tres adioses

Coixet, con títulos reconocidos como La vida secreta de las palabras (2005) o La librería (2017), desde una Roma de barrio, sin vocación de postal, de detalles en las fachadas o en la pétrea mirada de las estatuas, busca más la ternura que la desdicha para hablarnos del amor y del desamor, de la cercanía y el duelo, y de aquello que dejamos en la memoria de los seres cercanos cuando marchemos, cuando ya no estemos aquí.

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