La desesperación como método
Comparar a Costa-Gavras con Park Chan-wook es algo que normalmente no procede, pero resulta que ambos cineastas han adaptado, cada uno de ellos con su propio estilo, a uno de los grandes escritores norteamericanos de novela negra, Donald E. Westlake, prolífico y con no pocos pseudónimos en su carrera y autor de títulos magníficos llevados al cine como A quemarropa y Un diamante al rojo vivo, o firmando el guion de la novela de Jim Thompson Los timadores. El veterano Costa-Gavras lo hizo en el 2005 bajo el título de Arcadia y el coreano Park Chan-wook ahora lo repite bajo el título No hay otra opción, inspirándose en la novela The Ax (El hacha).
Dicho esto, Arcadia era una película más sobria, más sosegada, con fuerte espíritu crítico pero muy reflexiva y realista. Todo lo contrario de No hay otra opción, disparatada, enrevesada, con personajes bufonescos y un protagonista que no va a la zaga, tan torpe en sus decisiones que se encuentra más cercano a lo paródico que a un retrato criminal.
Park Chan-wook, reconocido por títulos como Old Boy (2003) o La doncella (2016), domina una elaborada estética, y la perversidad que aflora en algunas de las escenas sacan a la luz el lado más oscuro del ser humano, a simple vista corriente, encajado en una sociedad capitalista pero desposeído de golpe del vínculo que lo une a ella, su puesto de trabajo, algo que sirve como detonador, que todo lo altera, su casa, su familia, su seguridad económica, aquello que ha logrado en sus 25 años de dedicación a una empresa papelera que ya no lo necesita. Todo esto obedece por parte del director a querer mostrar una crítica severa de un mundo automatizado, que lleva al personaje central a una enfebrecida y particular lucha por lograr un nuevo empleo y al mismo tiempo elaborar un siniestro plan para eliminar a posibles competidores tan desesperanzados como él.
La violencia no se reprime en No hay otra opción, algo que podríamos decir que es un sello identitario de buena parte del cine coreano. Quedarse apartado del sistema supone la destrucción personal y del entorno ya que se inicia una nueva vida con severas restricciones, y la fe en las posibilidades va disminuyendo incluso con autoayuda quedando la desesperación como método para salir de esa crisis que lo abruma.
Park Chan-wook nos coloca con esta comedia negra dentro del verdadero adversario, que no es otro que el mundo competitivo y capitalista que nos han construido, señalando que somos piezas desechables. Y lo peor es que en coreano o en el idioma que sea, las cosas son así y están como están.