¿Dónde está el dinero?
El realizador y guionista danés Anders Thomas Jensen siempre ha contado para sus películas anteriores con la pareja de actores más importante de aquel país y que gozan de un prestigio internacional notable. Por un lado, Nikolaj Lie Kaas, conocido por su papel en Los idiotas de Lars von Trier (1998) o en Ángeles y demonios de Ron Howard (2009), y sobre todo por la saga Los casos del Departamento Q. Y por el otro, el siempre extraordinario Mads Mikkelsen, que da lustre a cualquier producción desde su debut cinematográfico con el largometraje considerado de culto Pusher de Nicolas Winding Refn (1996). Este encaje y compatibilidad entre director y actores permite que una película tan compleja, en la que cohabita tanto el humor negro como el thriller y el drama, pueda ser manejada con soltura pese a algún momento en que la historia se desfragmenta dando la sensación de que no podrá encajar de nuevo pero que, gracias a estos actores tan especiales, vuelve a articularse acoplando piezas que van encajando a través de flash backs y de situaciones singulares, y en más de una ocasión grotescas.
El último vikingo, que se inicia con una historia a modo de cuento cruel animado y que finaliza de igual modo para destacar que ante las carencias físicas queda la posibilidad de amoldarse sin seguir las normas, narra la historia de dos hermanos, Anker (Lie Kaas), quien, tras robar un banco y hacerse con un millonario botín, ante la perspectiva de ser apresado, confía en su hermano Manfred (Mikkelsen), que ahora se llama John en honor a John Lennon -algo que entenderemos más adelante-, para que esconda en una aislada casa familiar el dinero. Tras quince años en prisión, resulta que Manfred no recuerda o no quiere decir dónde lo guardó, lo que lleva a los personajes a una disparatada aventura con un asesino que les sigue los pasos porque también va detrás de esa fortuna oculta.
A todo esto, se une a la trama la pareja que habita la casa y un grupo de enfermos mentales, todos ellos como Manfred -que también tiene ideas suicidas-, con trastorno de identidad disociativo y que se creen miembros del mítico grupo británico The Beatles.
Entre momentos divertidos donde Mikkelsen está irreconocible en su rol y con un Lie Kaas desesperado entre el agobio y el vínculo afectivo con su peculiar hermano, transita lo violento con lo humanista, lo esperpéntico tamizado por la racionalidad que en ocasiones destilan esos seres “diferentes”. Todo ello manejado con elementos que se ajustan a secretos compartidos y comportamientos que alternan la comedia y el drama sin descanso.