El hombre desgastado
La película Un poeta es tan punzante como conmovedora, incómoda e inteligente. Una rareza que posee tanta inhumanidad como humanidad y que es espejo de la vida misma, con un personaje que no causa el más mínimo apego ni empatía, incluso en ocasiones desagradable, con ese derrotismo de escritor fracasado que purga sus penas emborrachándose y mostrando su desencanto, su continua frustración, pero que en esos pliegues, en las aristas de su personalidad, también se muestra su lado más honesto, su bondad escondida en sus arrebatos de tragedia.
Öscar Restrepo escribió de joven un par de libros de poesía y, en una inocencia irreal, creyó que llegaría a ocupar un lugar en el círculo de poetas respetados y admirados.
Öscar está separado y tiene una hija adolescente avergonzada de tener un padre tan a la deriva. Trabaja sin vocación como maestro de escuela y lo sustenta una madre que lo quiere incluso con sus imperfecciones. Y en los ideales de ese hombre desgastado conoce a una joven que escribe poesía sin querencia, sin apego, solo por el hecho de escribirla. Cuando ella aparece, se abre en él una especie de acto de redención pese a que los ideales de vida de ambos no sean los mismos, y mientras uno busca el reconocimiento para esa joven como si se tratase de un resarcimiento de sí mismo, ella solo tiene sueños de extrarradio, de vida modesta junto a su destartalada y caótica familia, propiciando momentos patéticos y situaciones deplorables.
El joven realizador Simón Mesa Soto se ha rodeado de personas que no son actores e incluso su protagonista, un magnífico Ubeimar Ríos, es un profesor de Bachillerato en la vida real.
Öscar admira el sentido de la desdicha, como el del poeta José Asunción Silva (1865-1896), que perdió gran parte de su obra en el naufragio del barco América y que se suicidó con apenas 30 años de edad –el mismo escritor que sale en los billetes de cinco pesos y cuya fotografía tiene en la pared de su habitación–.
Y como detalle, el ver de pasada, apenas unos segundos, a Víctor Gaviria, uno de los realizadores más importantes del cine colombiano (La vendedora de rosas, La mujer del animal), todo un gesto de Simón Mesa hacia el maestro, sin olvidar la canción Corazón de poeta, de Jeanette, en los créditos finales.
Un poeta
Un poeta es una extraña y admirable película que no busca una felicidad impostada. Marca los defectos de un hombre, pero también la mirada a un ser al que hay que prestarle atención porque, con él, se va mostrando un retrato de apariencias, la maldad y la engañosa impostura de los otros, de aquellos que lo rechazan y no son más que un muestrario de la farsa humana.