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Concierto en el Cafè del Teatre de Barrence Whitfield & The Savages.

Concierto en el Cafè del Teatre de Barrence Whitfield & The Savages.J.C.

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ROCK

★★★☆☆
Barrence Whitfield & The Savages son puro rocanrol sin peros ni tapujos. Son sólidos como el cemento y con un repertorio en directo que alterna composiciones propias y algunas excelentes versiones de grandes como Little Richard, Wilson Pickett, Solomon Burke, Don Covay o Screamin’ Jay Hawkins, entre varios más de sus innegables influencias estilísticas. Su frecuente presencia física y conciertos en territorio nacional y catalán desde hace más de un decenio y medio, lo han convertido en un personaje poco menos que habitual entre la extendida parroquia roquera peninsular junto a su banda The Savages.

Como muy bien pudimos comprobar en su última presencia en Lleida, todos los que tenemos a Barrence como uno de los máximos exponentes del género, su estado de forma y entrega en vivo son óptimos, descargando energía a raudales y luciendo esos divertidos gestos y poses boxísticos que se han convertido en seña de identidad intransferible del orondo singer de Florida. Aún cuando la sala no llegó a llenarse a la altura que la banda sin duda se merecía, el centenar generoso de espectadores que sí que acudimos gozamos con su furiosa entrega vocal y la adrenalina instrumental que brindan siempre, haya mucho público o menos, como en esta ocasión. Whitfield canta soul y rock a velocidad endiablada con el mismo espíritu que todos esos héroes musicales antes citados que conforman el gran espejo donde siempre se mira, siendo el mítico Little Richard de quien más ha aprendido esa inigualable forma de aullar descontrolada y penetrante.

No querría, tampoco, pasar por alto el buen hacer de su extraordinario combo de apoyo, The Savages, un cuarteto clásico de rock y rhythm and blues que aporta gran potencia a los números con sus guitarras afiladas, una base rítmica profunda y envolvente y el apoyo de un saxo brillante, que eventualmente también adquiere notoriedad solista. En fin, casi dos horas de sofoco roquero, un Whitfield y su gente en magnífica forma y el convencimiento de que conciertos como este son los que dan sentido a nuestras innumerables horas por los clubes.

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