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Ferran Palau es, sin duda, uno de los reyes de la cotidianidad de la música en catalán. Dicen que es el inventor del concepto del pop metafísico, aunque yo creía que este título le correspondía a Joan Pons, de Cal Eril. En todo caso, como ni yo e intuyo que ni muchos de los que hablan de ello saben muy bien de qué se trata esto de la metafísica aplicado a la música, diré que Palau hace pop mínimo, de escenas, de lo cotidiano. Eso sí, lo hace muy bonito. 

Solo Ferran Palau puede empezar una canción con un “Ei, què tal, normal, amunt i avall, fent com si res”. Lo mundano. Con unas texturas propias que han ido evolucionando al ritmo que ha ido cambiando la composición del grupo que le acompaña. Hablando de músicos y de Joan Pons de Cal Eril, este hace unos años le acompañaba con la batería, instrumento que Palau ya no incorpora. 

El pasado viernes, aparte de la guitarra acústica que Palau puntea a la perfección, le seguían una guitarra eléctrica, un violonchelo y un músico a los vientos que tanto le daba al clarinete, al saxo o a la flauta. Y sus cuatro voces que pintaban un universo propio, casi hipnótico. 

En todo caso, cambio de sonorización para seguir sonando exactamente a Ferran Palau, y un listado de canciones que se enfocó al disco que presenta, Aniversari Feliç, recién estrenado. Lo tocó entero, intercalando temas antiguos ya clásicos que el público agradece. 

Ir a un concierto de Ferran Palau es jugársela un poco. No porque desafine, que no lo hace. No porque no sepa trasladar al escenario su música, que lo hace. Interpretar interpreta a la perfección, no se deja nada en el tintero. Todo el disco Aniversari Feliç suena a toda la discografía de Ferran Palau. Le funciona, porque lo hace bello, pero hay poco riesgo. Con el ritmo pausado, melodías escondidas en texturas y una timidez excesiva en el escenario, puede que alguien saliera del Cafè del Teatre con la sensación de monotonía o de que todo esto ya lo ha escuchado otras veces. 

Hubo lleno en el regreso de Palau al Cafè y el tímido regreso de la música pop en catalán, que hace ya unos años copaba la programación de Lleida. 

En el episodio de escenas de lo cotidiano, la del concierto fue la de la señora que, queriendo grabar la actuación para nunca más volver a ver, lo hizo un rato con el flash del teléfono activado, molestando a todos los de su alrededor.

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