Repóquer de postín
Lástima de la exigua presencia de público, con varios eventos de extracción musical parecida programados en Lleida a la misma hora más o menos y que, sin duda, se hicieron competencia. Los que decidimos acudir al Cafè del Teatre acertamos plenamente, pues el espectáculo Latin Flavored Jazz, protagonizado por Bonilla & Spiagin New York Brass Quintet, presentó una muy amena noche de jazz contemporáneo, en la que la energía latina se fusionó, con apreciable sensibilidad de formas, en un diálogo interpretativo rico y pleno de matices de los cinco componentes del ensemble. Liderados por el trombonista norteamericano de origen costarricense Luis Bonilla y el trompetista ruso Alex Sipiagin, y completado por nuestros paisanos Joan Monné al piano e Ignasi González al contrabajo, y el baterista austríaco Joris Dudli, todos juntos nos ofrecieron un atractivo repertorio jazzístico lleno de color, ritmo y riqueza musical. En cuestión de aportación y matices, quedó patente desde los primeros compases la cohesión del grupo, con un Bonilla desplegando un trombón potente y expresivo, capaz de alternar con naturalidad entre pasajes enérgicos y líneas melódicas más delicadas. Su fraseo fluido y su escucha atenta a la dinámica del conjunto reforzaron la sensación de unidad en la interpretación y contrastado bagaje colectivo. Spiagin, por su parte, mostró un fraseo claro y su trompeta precisa equilibrando virtuosismo y emotividad, integrándose al grupo con naturalidad y sin estridencias. Sus intervenciones solistas resultaron coherentes en musicalidad, reforzando la energía y el carácter del quinteto sin alterar en ningún momento la armonía grupal como tal. Los responsables de la estabilidad rítmica del sonido, a saber, el piano de Monné, el contrabajo de González y los tambores de Dudli, se integraron en el todo con la precisión de un reloj suizo. El primero aportó textura y profundidad, alternando acompañamientos sólidos con frases melódicas que enriquecían la conversación musical. Su claridad en la ejecución y la flexibilidad con que se integraba a cada tema contribuyeron a que la música fluyera con naturalidad. El segundo ofreció la base armónica y rítmica que sostuvo cada pieza. Su sonido cálido y seguro permitió tanto mantener la estructura como crear diálogos con los metales y la batería, dotando a la música de solidez y matiz. Y el tercero en cuestión, mostró un amplio rango rítmico, capaz de combinar sutileza y fuerza según exigía la pieza y con una manera de marcar pulsaciones y generar tensión que contribuyeron decisivamente a que la música respirara con buen equilibrio y precisión a partes iguales. Como pudimos comprobar después de casi hora y media de jazz de altísima escuela, la fuerza del quinteto residía básicamente en su plausible compenetración y en su capacidad de escucha compartida, amén de saber cada cual cuándo liderar y cuándo acompañar, construyendo este repóquer de intérpretes de postín un flujo musical natural en el que improvisación y contribución se combinan con muy buen equilibrio. Cabe recordar, para finalizar, que esta actuación de Lleida fue la que abrió la gira del New York Brass Quintet por ocho ciudades mediterráneas españolas y que se complementará, sin solución de continuidad, por Austria y Alemania con otras tantas fechas para disfrute del exigente público teutón.