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CRÓNICA POLÍTICA

'Bálsamo Isabel II' para la tensión mundial

‘Bálsamo Isabel II’ para la tensión mundial

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Como un eficaz bálsamo relajante que por unos días ha narcotizado las tensiones políticas y sociales, tanto nacionales como internacionales…Así ha resultado el efecto de la riada informativa tras el fallecimiento sorpresivo de la reina Isabel II de Inglaterra, reina del desaparecido imperio británico, reina del mundo, como han proclamado titulares de prensa en todos los países. Comentaristas políticos, económicos y hasta deportivos han invadido el campo de la denominada prensa rosa, o la exquisita crónica social de élite, para arrinconar en cualquier informativo o programa magazine cualquier noticia de otro ámbito. Solo sobrevivieron las imprescindibles, como graves accidentes, el tiempo, algún destello del conflicto de Ucrania y escaramuzas de la guerra mundial de la energía que está empezando.

El resto de noticias habituales se archivó y el mundo descansó. En el Reino Unido se suspendieron huelgas, manifestaciones y partidos de fútbol. En Estados Unidos agradecieron un receso en las hostilidades entre Biden y Trump.

En Italia se opacó la campaña electoral que puede llevar a la líder ultraderechista Giorgia Meloni a presidir el gobierno. En España se apagaron los rescoldos del incendio parlamentario entre Pedro Sánchez y el líder de la oposición Núñez Feijóo, que seguía dominando la crónica diaria. En Cataluña se difuminó la aburrida pugna dentro del independentismo por ver quién lidera de verdad el autogobierno en la Generalitat.

Y así sucesivamente en todos los rincones de Europa, América, Australia y en las antiguas colonias británicas en África.Setenta años de reinado, presidir la caída de un imperio y la quiebra de una familia con dramas incluidos como la muerte por accidente de Lady Diana, princesa de Gales, forjaron una imagen inexpugnable de la monarca realzada en la serie The Crown y en tantas otras ficciones y documentales. Eso explica también esta eclosión mediática. Pero la serie televisiva continúa en directo en muchas cadenas porque el milimetrado protocolo funerario, ejecutado con máximo esplendor, genera fascinación en las audiencias.

Noventa y seis cañonazos, como su edad, se dispararon en medio mundo. Asistimos a la incuestionable hagiografía de un personaje que recibió solo horas antes de su muerte a la nueva primera ministra británica Liz Truss y que se había reunido con Winston Churchill, en la que fue su primera audiencia, en 1952. Nadie cuestiona nada.

Indignado, el editor Ramón Perelló ha escrito en Twitter: “Alucino al constatar la amnesia colectiva de todos los medios (y de sus doctos tertulianos) sobre, por ejemplo, la astronómica fortuna acumulada de la ahora veneradísima Isabel II, o de sus cuentas offshore en las Islas Caimán; y de su inclusión en los Papeles de Panamá”. Así es.El mundo se dio un respiro de unos días. Desaparecidos los efectos del bálsamo, recuperaremos la crónica de la peligrosa situación de la central nuclear de Zaporiyia, en Ucrania, que las tropas rusas mantienen bajo control militar pero no técnico; recuperará Europa su temor al “general invierno”, el arma más eficaz de Putin; volverán las crispaciones nacionales en cada país; y el flamante rey Carlos III comprenderá que heredó un Reino Unido resquebrajado.

Escocia quiere la independencia de Londres para no divorciarse de la Unión Europea y los habitantes de la provincia de Irlanda del Norte (tanto católicos como protestantes) se cuestionan salir del Reino Unido porque quieren ser tan europeos como los irlandeses del resto de la isla. Isabel II presidió la caída del imperio británico y su hijo deberá evitar que su Reino deje de llamarse Unido.

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