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Mientras el ministro Luis de Guindos defendía en la comisión de Economía que la crisis del Banco Popular se había resuelto de “una forma ágil y eficaz”, algunos accionistas damnificados empezaban a preparar en la mayoría de provincias, incluida Lleida, demandas judiciales contra los últimos gestores del banco en una iniciativa que seguramente se generalizará porque los 305.000 accionistas de la entidad y los propietarios de bonos o deuda convertible y subordinada han perdido el dinero invertido.

También es verdad, como dijo el ministro, que con las decisiones tomadas “el millón de hogares” que tenía cuentas en el Popular han salvado sus ahorros y que la resolución de la crisis no costará un euro a los contribuyentes como había venido sucediendo hasta ahora en todas las crisis bancarias.

Pero esto no exime de responsabilidades ni a las autoridades económicas ni a los gestores del banco, porque no hay que remontarse muchos años para recordar que el Popular, en la época de los Valls Taberner, estaba considerada como una entidad modélica, el banco de las pymes que resistía la tentación del ladrillo y la “eterna novia” en todas las posibles fusiones.

Alguna responsabilidad deben de tener los últimos gestores, Ángel Ron y Emilio Saracho, que llegaron tarde a la apuesta inmobiliaria y han visto cómo el banco se hundía por problemas de liquidez, que no de solvencia, mientras ellos se aseguraban finiquitos millonarios.

Los tribunales lo determinarán, pero no son los únicos que tienen que aclarar la crisis del Popular, porque en la inspección de la Autoridad Bancaria Europea que hace los llamados tests de estrés bancarios sobre la salud de la entidad, el Popular obtuvo un aprobado amplio de 6,62; que no hubo ningún problema por parte de los supervisores para la ampliación de capital de hace un año; que, una vez más, el Banco de España miraba hacia el tendido mientras un banco se hundía y que hasta hace una semana el mismo ministro De Guindos aseguraba que no había problemas con el Popular con tan poca credibilidad que provocó una bajada en sus cotizaciones. Y finalmente alguien tendrá que explicar por qué con el Popular no se actuó ante las ventas a corto o a pérdidas, que provocaron el hundimiento de la cotización por grandes fondos, mientras este lunes, como ya se hizo en 2012, se prohibieron para que no se repitiera la historia con Liberbank. Los especuladores mandan mucho.

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