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El pleno de la Paeria aprobó este viernes la normativa que regula la circulación de patinetes eléctricos y vehículos similares. Básicamente, prohíbe que puedan ir por las aceras y la calzada y restringe su uso al carril-bici, a las calles donde está vigente la zona 30 (velocidad máxima limitada a 30 kilómetros por hora) y a ramblas y plazas, siempre que guarden una distancia mínima de un metro con los peatones. Además, veta que menores de 16 años puedan circular con ellos. En principio, parece razonable que se impida que puedan ir por las aceras, porque hay patinetes eléctricos que superan los 50 kilómetros por hora, con lo que el riesgo de un accidente de consideración en el caso de un choque contra un peatón no es baladí. Ahora bien, limitarlos al carril-bici, zonas de 30 y parques y plazas supone prohibir su uso en buena parte de la ciudad, como denuncian los propios usuarios de patinetes, que también se quejan de que el ayuntamiento ha elaborado esta norma sin consultarles. Y al margen de lo que cada uno opine sobre estos vehículos, lo cierto es que esta medida casa mal con las proclamas en favor de la movilidad sostenible que día sí y día también hacen las autoridades locales, autonómicas y estatales, porque un patinete eléctrico facilita la movilidad urbana sin contaminar y ocupando un mínimo espacio en la vía pública. Regular el uso de nuevos tipos de vehículos es necesario, pero también lo es actuar con una visión global destinada a facilitar que los que son realmente sostenibles puedan circular por toda la ciudad. Preocupante falta de mano de obra La mejora económica de los últimos años se ha traducido en un descenso del paro, pero aún hay más de 18.000 leridanos en situación de desempleo. No obstante, en oficios tradicionales como los de la construcción, los instaladores de gas, agua y electricidad, los panaderos y los pasteleros falta mano de obra. Administración y empresas deben coordinarse para buscar soluciones, pero también hay que preguntarse si no vivimos en una sociedad que sobrevalora los títulos universitarios frente a estudios de FP, que a veces incluso permiten ganarse mejor la vida.

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