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Hace un año se notificó el primer positivo por coronavirus registrado en España. Era un turista alemán que pasaba unos días de vacaciones en Canarias. El virus se acercaba pero, a la vez, aún quedaba lejos. El rastreo exhaustivo que se hizo de este paciente cero del Estado puso de manifiesto que la globalización es la mejor aliada de una pandemia. Y es que el virus partió de Wuhan, por entonces epicentro de la enfermedad; una pareja contagiada sin saberlo viajó a Shanghái para ver a su hija y ella, a su vez, voló poco después a Berlín, donde tenía que impartir un curso e infectó a varios alumnos, uno de los cuales era amigo del turista que el 28 de enero embarcó en un avión con destino a Tenerife y, posteriormente, en barco hasta La Gomera, donde fue diagnosticado como enfermo de Covid-19. El 25 de febrero se detectó el primer positivo en Catalunya. De nuevo, se trataba de un contagio importado que causó síntomas leves a una mujer de 36 años que había viajado al norte de Italia, de donde era originaria. El 10 de marzo el coronavirus llegó a las comarcas de Lleida. Una mujer de Castellserà, que había viajado a Benidorm con un grupo de jubilados de la provincia, fue la primera positiva que contabilizó Salud. Tan solo una semana más tarde se registró la primera víctima mortal.

Desde entonces, la pandemia no ha dado tregua. Si algo hemos aprendido en este año, es que no podemos relajarnos. Así, aunque el 70% de los municipios de las comarcas de Lleida tienen una Rt por debajo de 1, con lo que la tasa de contagio es baja, en Seròs, Sant Llorenç de Morunys y Artesa de Lleida tienen el mayor ritmo de contagio de Catalunya. Pero lo que más preocupa no es tanto la propagación de la enfermedad como sus consecuencias. Los centros hospitalarios están más que tensionados. El jefe de Medicina Intensiva del Arnau de Vilanova, Jesús Caballero, alertó ayer de que las dos próximas semanas serán “muy complicadas” porque se prevé llegar al pico de ocupación de enfermos de Covid críticos. Pero este oscuro horizonte coincide con el anuncio de la llegada de más vacunas, lo que, sin duda, supone un dato esperanzador. Después de que se vaciaran las neveras porque las empresas farmacéuticas no cumplían con los contratos firmados con la Unión Europea, Catalunya recibirá hoy otras 65.000 dosis de Pfizer y las primeras 8.000 de Moderna. Ahora tocará recuperar el ritmo de vacunación, que tuvo que ser ralentizado por la disminución de las existencias y por problemas de logística los primeros días. Mientras, la mitad de los usuarios de residencias de la región sanitaria de Lleida y más de un 70% de las del del Pirineo ya han recibido la segunda dosis de la vacuna de

Pfizer

, por lo que se empieza a vislumbrar algo de luz al final de este largo túnel.

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