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Quedan muy lejos aquellos tiempos en que, especialmente en los pueblos, perros y gatos vivían por las calles sin grandes preocupaciones y con la comida casi siempre asegurada ya que se la proporcionaban los vecinos o bien estos animales se buscaban su subsistencia como podían. Eran épocas en las que llevarlos al veterinario por alguna dolencia era ciencia ficción: o mejoraban por el propio instinto de supervivencia o pasaban a mejor vida, sin que esto supusiera un gran drama. Pero ahora, y diríamos que por suerte, la cosa ha cambiado y para bien. Las mascotas se consideran un miembro más de la familia y su cifra aumenta de forma imparable y progresiva. Así, según los datos facilitados por el Consell de Col·legis de Veterinaris de Catalunya, en la actualidad están identificados en las comarcas de Lleida un total de 102.954 animales que figuran en los registros oficiales, lo que supone más del doble que niños y niñas de hasta diez años, que son 42.935. Como es de suponer, la gran mayoría de estas mascotas son perros, 90.949; seguidos de gatos (10.434), hurones (1.266) y caballos (103). Pero en la relación se incluyen otros menos comunes como mamíferos exóticos, reptiles e incluso peces. Pese a estas abultadas cifras, son muchos más los animales que conviven en hogares como ocurre con los gatos, que en el caso de estar en pisos no salen al exterior y por tanto no son chipados ni contabilizados. Así las cosas, el cuidado que reciben estos “inquilinos” sería equiparable, a escala, con el de muchos humanos, puesto que visitan frecuentemente las clínicas veterinarias para revisiones periódicas, vacunación y atenciones varias. Es de aplaudir esta concienciación que hemos ido ganando puesto que es una clara muestra de que avanzamos como civilización mostrando un respeto hacia estos “compañeros” que dan mucho sin pedir demasiado a cambio. Y un entrañable ejemplo del cariño que reciben actualmente las mascotas lo encontramos hoy en nuestras páginas con la noticia según la cual la Justicia ha autorizado, por primera vez en las comarcas de Lleida, un vis a vis entre un recluso del Centre Penitenciari Ponent y su perro, puesto que el animal está enfermo y tiene poca esperanza de vida. Con la “casa” a otra parteEsto es lo que están obligando a hacer los nuevos propietarios de un camping de Coma-ruga a los dueños de unas 80 caravanas o casas móviles, entre ellos leridanos, con la amenaza de que, si no atienden esta orden, su propiedad será destruida. Lo paradójico es que hace solo unos días, desde el camping, les animaban a comprar estos equipamientos en vez de alquilarlos. Un despropósito que llegará a los juzgados

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