Un verano más que caliente
Hace años, la llegada del verano era sinónimo de carencia de noticias, como si se tratara de un pacto tácito acordado entre todos: sociedad y dirigentes políticos. Pero desde un tiempo a esta parte no hay tregua y, por tanto, no hay parón. Seguro que el escándalo que protagonizan Cerdán, Ábalos y Koldo y que ha dejado más que tocado a Pedro Sánchez y al PSOE en general será una especie de culebrón que sus opositores, con el PP a la cabeza, alargarán todo lo que puedan durante la canícula y veremos si, a medida que vayan saliendo nuevas filtraciones, no tiene consecuencias más graves. Y si este culebrón doméstico fuera poco, este fin de semana el polvorín de Oriente Próximo se ha ampliado a Irán. Ayer la tensión continuó tras una noche de ataques entre este país e Israel, que dejó al menos tres muertos y más de 80 heridos en territorio israelí, con graves daños estructurales en Tel Aviv y su área metropolitana y afectando a sus comunicaciones y al aeropuerto. Teherán lanzó alrededor de 200 misiles y 200 drones contra varios puntos de Israel, parte de los cuales no pudo repeler el famoso, y ya no impenetrable, escudo antimisiles del país sionista, en represalia por la oleada de bombardeos del ejército de Benjamin Netanyahu contra numerosas infraestructuras esenciales, como instalaciones nucleares o bases militares iraníes. Estos ataques habrían causado 78 víctimas mortales, entre ellos altos cargos militares y científicos de alto rango, y 320 heridos. Es difícil determinar cómo avanzará la nueva escalada bélica en la zona más caliente del planeta pero todo parece indicar que lo ocurrido desde la madrugada del jueves solo sería el principio. Y si no, basta con escuchar las palabras de Netanyahu: “Atacaremos todos los sitios y objetivos del régimen de los ayatolás. Lo que han sentido hasta ahora –explicó– es cero comparado con lo que sentirán en los próximos días”, mientras que su ministro de Defensa, Israel Katz, tampoco se quedó atrás vaticinando que “Teherán arderá”. Y si pudiera parecer que este nuevo foco de tensión haría que Israel cesara en sus ataques a Gaza, zona duramente castigada desde octubre de 2023 con una guerra que ha costado la vida a más de 55.000 personas, nada más lejos de la realidad. Y es que ayer al menos otras 20 murieron y más de un centenar resultaron heridas como consecuencia de ataques israelíes en las inmediaciones de centros de distribución de ayuda humanitaria en el centro y en el norte de la Franja. En definitiva, estamos siendo testigos de un sinsentido que aún puede tener consecuencias mucho más graves, tanto para Oriente Próximo como para el mundo en general. Es necesario que las instituciones internacionales hagan entrar en razón, de la manera que sea, a los protagonistas de esta barbarie para poner fin a una situación catastrófica que debe avergonzarnos a todos como sociedad.