Hay que quitar las manzanas podridas
La muerte en Fraga de un hombre de origen pakistaní sin papeles de residencia ni de trabajo, que sufrió un golpe de calor mientras estaba recogiendo fruta el pasado viernes, y la investigación de la Guardia Civil que ha permitido liberar a 200 temporeros, también procedentes del extranjero, que eran explotados laboralmente y estaban alojados en condiciones infrahumanas en edificios ruinosos en Candasnos, han vuelto a poner sobre la mesa la necesidad de garantizar las debidas condiciones a todas las personas que trabajan en la campaña de la fruta. Tienen razón las organizaciones agrarias cuando remarcan que se trata de casos muy puntuales, y que la gran mayoría de empresas y agricultores hacen las cosas bien, tal como establece la normativa. Por eso mismo hay que velar para evitar que haya algunas personas que se aprovechen de otras que están dispuestas a trabajar por sueldos ínfimos durante las horas y los días que sean necesarios, ya sea porque no pueden hacerlo legalmente o porque proceden de lugares donde viven en la más absoluta miseria. En este sentido, resulta muy preocupante que los doscientos trabajadores que fueron liberados en Candasnos hubieran sido contratados en origen –lo que comporta la supervisión del ministerio de Migraciones– por parte de tres empresas de trabajo temporal a cuenta de tres firmas frutícolas del Baix Cinca. Es evidente que aparte del control inicial no hubo ninguno más, ya que sino hubiera sido imposible que pudieran estar en las condiciones en las que se encontraban. Y también resulta inconcebible que a estas alturas del siglo XXI haya temporeros que puedan estar trabajando durante horas a pleno sol a temperaturas de casi 40 grados sin las medidas de protección adecuadas y que esto acabe acarreando la muerte de alguno de ellos. Por muy mal pagada que esté la fruta y por muy exiguos que sean los márgenes de rentabilidad para sus productores, nada debe estar por encima de un trato digno a otra persona.
La OTAN, a los pies de Trump
“Europa pagará a lo GRANDE”. Este fue el mensaje privado enviado por el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, a Donald Trump, antes de la cumbre de esta organización celebrada ayer, y ahora ya es una realidad. La decisión de que los países miembros aumenten su gasto en defensa hasta el 5% del PIB en diez años supone asumir lo que pretendía el presidente de EEUU, que además será el país más beneficiado. La medida se justifica por la amenaza rusa y las tensiones geopolíticas mundiales, pero hay que preguntarse si en tiempos de la URSS esta amenaza no era mayor y si seguir las directrices de Trump es la mejor receta para la estabilidad.