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Decíamos ayer que la brutal colisión de dos trenes de alta velocidad en Adamuz provocada por un descarrilamiento, que se ha cobrado 45 vidas, y el accidente de un tren de Rodalies en Gelida al caerle encima un muro de contención, que causó la muerte de un maquinista en prácticas, habían puesto sobre la mesa el debate de si el mantenimiento de la red ferroviaria es suficiente para garantizar su seguridad. Ahora, hay que añadir que lo sucedido en las últimas horas empieza a generar dudas sobre cómo se está gestionando todo este asunto. Si ya resultó preocupante que Adif suspendiera el miércoles el servicio de todas las líneas de Rodalies en Catalunya para revisar el estado de su infraestructura, evidenciando de esta manera que desconocía cuál era, y sin que nadie habilitara transportes alternativos, después llegó la sorpresa de que la Generalitat y Renfe anunciaron el miércoles por la noche que todo estaba a punto para que los trenes volvieran a circular ayer por la mañana y a la hora de la verdad siguieron sin hacerlo porque los maquinistas se negaron a poner en marcha los convoyes, aduciendo que no se habían cumplido los protocolos de seguridad, exigiendo una “auditoría” de la red y que ellos mismos pudieran comprobar directamente su estado. Los responsables de un servicio público suspendido no pueden decir que este volverá a estar operativo a una hora y día concretos sin tener todas las garantías, porque si no es así, como ha sucedido en este caso, lo único que se hace es generar más confusión y malestar entre los usuarios. Asimismo, los maquinistas han actuado de forma ilegal. Porque por muy legítima que sea su preocupación por la seguridad, tienen la obligación de desempeñar su trabajo si la compañía y la Generalitat determinan que se dan las condiciones necesarias. Otra cosa es que hubiera una huelga convocada, pero la anunciada por el sindicato Semaf es para el 9, 10 y 11 de febrero. Y por si fuera poco, la gestión de las limitaciones de la velocidad máxima en la línea de alta velocidad del corredor entre Barcelona y Madrid también ha estado marcada por los bandazos. El martes Adif decidió que los trenes no podían superar los 160 km/hora en 178 kilómetros entre las provincias de Madrid y Zaragoza, el miércoles por la mañana levantó esta medida, antes del mediodía volvió a aplicarla en un tramo de 78 kilómetros, y ayer por la mañana revocó este tope y estableció que solo habrá que ir a un máximo de 230 por hora en seis puntos kilométricos. Posteriormente, el ministro de Transportes, Óscar Puente, afirmó que habían revisado 280 kilómetros del corredor sin hallar anomalías y que solo era un maquinista el que daba avisos de posibles deficiencias. Si es así, deja en mal lugar la capacidad de Adif de controlar el estado de las vías y, de paso, cuestiona su propio anuncio de que los trenes pronto podrán ir a 350 por hora.

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