El peso insoportable de la maldad
En una sociedad civilizada todo el mundo debe tener derecho a una segunda oportunidad, incluidos quien lee este editorial y quien lo escribe. Esta es la razón por la que el derecho civilizado deja claro que la primera función de la política penitenciaria no es privar de libertad a los asesinos, sino reinsertarlos. Estamos hablando del derecho que postula la presunción de inocencia desde los tiempos de Beccaria y la Ilustración y prefiere a cien culpables en la calle antes que a un inocente en prisión. Este es el derecho que queremos, pero ocurre que en un momento dado aparece la maldad, así, sin matices, y tiemblan los cimientos. Lo explicamos hoy en la información sobre los tres asesinos machistas reincidentes de este siglo en Lleida. Conrad advirtió que no hay que buscar razones sobrenaturales a la maldad, de la que pueden ser capaces algunas personas porque el mundo me ha hecho así, que diría aquella, y luego está la banalidad del mal que postuló Arendt para explicar que una persona normal pueda cometer las peores monstruosidades. Los expertos explican que a un monstruo como Chamba no hay forma de reinsertarlo. Probablemente tampoco al hombre que mató a una mujer de Lleida en 2003 tras haber asesinado a otra en Barbastro, ni al que acuchilló mortalmente el pasado domingo a una compañera de piso en la capital leridana tras asesinar a un preso por celos, en los dos casos a los tres meses de salir de la cárcel, un dato importantísimo y descorazonador. Porque el problema de fondo es este. Está muy bien intentar la reinserción de todo el mundo, incluidos los monstruos, pero cuando los expertos te dicen que no se pueden reinsertar, ¿qué hacemos con ellos? ¿Qué pensarán las familias de las víctimas de semejante maldad? La silla eléctrica no puede ser una solución. Preferir a un inocente en la cárcel antes que a cien culpables en la calle, tampoco. Hacer demagogia con tres fracasos estrepitosos, por horribles que sean, cuando los asesinos que reinciden son un 5% del total, tampoco. ¿Por qué? Por la misma razón por la que no se puede dejar de luchar contra el machismo (las víctimas de los 3 asesinos en serie reincidentes son mujeres) a pesar de que se trata de la dominación más antigua de la historia de la humanidad, anterior incluso a la racista o a la colonial. Las políticas que lo combaten, incluida una ley del solo sí es sí que contiene muchas medidas positivas pese al intento de algunos jueces de boicotearla mediante el lawfare, es el camino a seguir, aunque estas medidas incomoden a algunos amigos del presidente del gobierno, como uno que fue su mano derecha, tuvo una relación deleznable con ciertas mujeres y hoy está en prisión. Renunciar a la lucha contra el machismo no es una posibilidad; a la presunción de inocencia, tampoco; a la reinserción de los peores asesinos, tampoco. Todo eso no es una posibilidad porque no lo es renunciar a la decencia.