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Llueve sobre mojado. Esta expresión sirve tanto para expresar los problemas que está comportando la acumulación de lluvias durante el último mes como para ilustrar la situación del servicio ferroviario. Después de tres semanas de caos tras los accidentes en la línea de alta velocidad en Adamuz y en la de Rodalies en Gelida, ayer llegó la huelga de los maquinistas, que suprimió numerosos trenes, incluso varios que entraban dentro de los servicios mínimos que estaban fijados y que no acabaron saliendo, como el Avant de primera hora entre Lleida y Barcelona. Lo sucedido en los últimos días ha puesto de manifiesto graves carencias en toda la red de Rodalies de Catalunya, en la que el ente público Adif, que es su titular, ha detectado cientos de puntos críticos que necesitan ser revisados y ha efectuado reparaciones urgentes en algunos de ellos. Asimismo, el mantenimiento de las vías de alta velocidad también está en cuestión. No solo por el trágico siniestro del 18 de enero que causó 46 muertos, sino porque a raíz del mismo se han detectado problemas en algunos puntos concretos. Ambos casos constatan que hay deficiencias en la revisión de la red que son especialmente graves en Rodalies, aquejada de un déficit histórico de inversión. Por eso hay que dar la razón a los maquinistas cuando reivindican que hay que garantizar la seguridad, para lo que reclamaban “la implantación de un protocolo unificado para todo el sector, que proteja tanto a las personas trabajadoras como a las usuarias del ferrocarril”. Ahora bien, no estaría de más que fueran conscientes de que estos últimos son los grandes perjudicados por el paro, cuando ya llevaban días sufriendo grandes retrasos en el servicio. Y también debería serlo el Ministerio de Transportes, que se había mostrado incapaz de llegar a un acuerdo en los días previos a la huelga. Curiosamente, ayer al mediodía sí que fue posible que ambas partes alcanzaran un pacto para poner fin a la movilización. Según los sindicatos, el Gobierno se ha comprometido a un aumento de la dotación del 50% de la inversión en infraestructuras y una mayor dotación de personal tanto en Adif como en Renfe y en la Agencia de Seguridad Ferroviaria. La pregunta es por qué minsiterio y sindicatos no lo han puesto todo de su parte para alcanzar esta solución negociada sin que los ciudadanos tuvieran que soportar numerosas cancelaciones de trenes y grandes retrasos de los que sí funcionaron. Esto ya no tiene vuelta atrás, y a partir de ahora hay que esperar que se cumplan los acuerdos y se lleven a cabo todas las actuaciones imprescindibles para poner de una vez al día toda la red ferroviaria, para lo que será necesario primar la inversión en las líneas más degradadas, como las de Rodalies, en lugar de seguir apostando por querer hacer la competencia a China en la alta velocidad, creando un gigante que como se ha visto tiene los pies de barro.

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