Los docentes expresan su gran malestar
Los centros públicos de Lleida y de toda Catalunya vivieron ayer la mayor huelga docente de los últimos años, que en Lleida ciudad se concretó en una gran manifestación al mediodía, en la que participaron unas 5.000 personas. Esta movilización, a la que se incorporaron profesores de centros concertados, aunque el paro en estos fue minoritario, es fruto del malestar acumulado durante mucho tiempo por los profesionales del sector. Una de las cuestiones básicas es la salarial, que obedece a que los recortes que les aplicó la Generalitat en 2011 todavía no se han terminado de revertir. Mientras, la complejidad de los alumnos a los que enseñan en las aulas ha ido en aumento, no solo porque la inmigración haya aumentado notablemente tras la pandemia, sino por la aplicación del decreto de educación inclusiva, que integra en los colegios e institutos a niños que antes estaban en centros especiales. Esta es una medida positiva porque supone un paso adelante en la integración de menores con discapacidades. No obstante, para que sea efectiva se necesita acompañarla de los recursos adecuados, y esto no ha sido así. Sí que se ha ido reduciendo progresivamente el número de alumnos por grupo, pero hace falta seguir avanzando en esta línea si queremos tener una educación de calidad que permita revertir el bajo nivel actual con el que los alumnos acaban la escolarización obligatoria. Otra de sus quejas principales es el exceso de carga burocrática en forma de documentos como planes de apoyo individualizado, informes de evaluación y otros. Por otro lado, y especialmente entre los profesores de Secundaria, se advierte un hartazgo con las directrices que impone la administración, tanto la central como la catalana, que tienden a facilitar al máximo que los alumnos pasen de curso y de etapa educativa aunque no hayan adquirido las competencias mínimas establecidas. Las declaraciones de dos docentes que publicamos ayer, que destacaban que “pasamos alumnos de etapa aunque no hayan alcanzado los mínimos” y que hay “una presión continua para que nadie repita curso”, son muy ilustrativas. Y ante todo este descontento, la conselleria de Educación ha dado una impresión de cierta pasividad, sin forzar la máquina de la negociación en las semanas previas a la huelga. Si como afirma, tiene una propuesta de mejora salarial a través de complemento específico, que la haga pública, al igual que la de reducción de ratios o avanzar en la desburocratización. Claro que, según el propio departamento, todas estas mejoras tienen el condicionante de que sea posible aprobar los presupuestos de la Generalitat. La movilización de ayer constata que el Govern no puede fiar la respuesta a tener nuevas cuentas si no quiere que el sistema educativo se deteriore todavía más. Debe actuar ya y movilizar recursos para afrontar todas las actuaciones de mejora imprescindibles.