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El régimen iraní de los ayatolás es deleznable, abominable, execrable... podemos añadir más calificativos en esta línea. Es intolerable que haya una policía de la moral que obligue a llevar velo a las mujeres en contra de su voluntad. Ha masacrado a miles de personas en las protestas masivas de los últimos años. Primero en 2022, cuando muchos jóvenes se movilizaron tras la muerte de Mahsa Amini a causa del maltrato policial al ser detenida por llevar mal colocado el velo, y después en las grandes manifestaciones de hace solo unas semanas. Al margen de estos episodios, la represión ha sido constante. Basta señalar que el pasado año hubo más de 2.000 ejecuciones de condenados a pena de muerte. Ahora bien, defender que Estados Unidos e Israel han iniciado una guerra contra Irán por estos motivos es comulgar con ruedas de molino, igual que sostener que si se está en contra de la misma se está a favor de esta dictadura. Es posible que Pedro Sánchez haya apostado por el “no a la guerra” por cálculo electoral. O puede que no. De cualquier manera, es preferible estar del lado de la legalidad internacional que lo contrario. Este es un debate de calado en el que sobran los posicionamientos de barra de bar como el exhibido por Isabel Díaz Ayuso al dirigirse a las mujeres de izquierda, aprovechando que mañana es el 8-M, para decir: “Les animo a ir solas y borrachas por Teherán. O por ejemplo con minifalda a Kabul. Ánimo. Vayan allá y llévense a sus amigos gays, a ver cuándo les van a colgar de las grúas, porque es así como tratan a la homosexualidad y a las mujeres en esos países tan ensoñados de los que tanto ustedes presumen.” Siguiendo su argumento, EEUU e Israel deberían bombardear también Arabia Saudí y varios estados más, sin olvidar que el régimen de los talibanes en Afganistán surgió a raíz de que los estadounidenses apoyaran a los insurgentes durante la etapa de la ocupación soviética, y que se ha reinstaurado con más fortaleza después de que las tropas de EEUU intervinieran directamente en el país tras los atentados del 11-S para acabarse retirando definitivamente en 2021.

Lo que sucederá con Irán una vez acabe esta guerra es una incógnita. Lo que ya es seguro es que se perderán miles de vidas y que los daños materiales serán enormes. Y además, la mayoría de los ciudadanos sufriremos las consecuencias. Como publicamos ayer, el precio de los fertilizantes ha subido hasta un 56% en cinco días de guerra, el del gasóleo agrícola, un 8%, y los fitosanitarios van por el mismo camino. Es decir, que producir alimentos será más caro, lo que repercutirá negativamente en los bolsillos de todos. Bueno, no de todos, porque algunos saldrán ganando, como también esperan hacerlo los que han promovido este conflicto para aumentar su control sobre el petróleo y el gas.

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