No: la guerra no la perdimos todos
La guerra no la perdimos todos en absoluto. Hay que hacer lo posible para evitar que la bochornosa frase revisionista con la que cierta derecha quiso celebrar un congreso en Sevilla, y que puso entre interrogantes para blanquearla después de que la negativa a participar de David Uclés desatara una tremenda polémica, pueda conseguir que el olvido haga desaparecer los horrores de la represión fascista. Romper ese silencio es esencial para combatir la impunidad bendecida por la ley de Amnistía de 1977. SEGRE quiere ayudar a recuperar la memoria regalando el libro Silenci trencat, de la historiadora y escritora Teresa Ibars, que ayer fue presentado en el Aula Magna del IEI. Ibars reúne, entre otras, dos grandes virtudes. En primer lugar, con su rigor académico y su condición de archivera, ha logrado poner nombres y apellidos (¡24 páginas de nombres y apellidos!), y en no pocos casos caras y sentimientos, a 537 funcionarios de la Diputación de Lleida que fueron purgados por los vencedores de la guerra (los únicos vencedores de la guerra) entre 1938 y 1942; por otro, la capacidad literaria de Ibars, que tuvo una aparición estelar en las letras catalanas en 2018 con la publicación de l’Atles de l’oblit y añadió un salto cualitativo a esa carta de presentación con la publicación, entre otras obras, del celebrado La mort de l’altre en 2024, aporta un peso vital y sentimental emocionante a las vidas de muchas de las víctimas recuperadas en el libro. En las páginas de Silenci trencat aparece, entre otros muchos trabajadores represaliados, el cocinero Joan Torrente Reverté, que trabajaba en el hospital provincial y tenía un hijo de 17 años llamado Paco que le ayudaba en el turno de noche, pero ese adolescente no se haría adulto porque murió en el monstruoso bombardeo fascista del Liceu Escolar del 2 de noviembre de 1937. Este es solo un ejemplo del conmovedor material que el lector encontrará en Silenci trencat junto a numerosas imágenes, muchas de ellas inéditas y procedentes de diversos archivos históricos, incluida la impactante foto de la portada, propiedad del Fons Porta-IEI, en la que se ve al ministro franquista Eduardo Aunós brazo en alto en el patio de la institución cultural leridana, en aquellos años también inevitablemente franquista. Recordar a las víctimas es una obligación moral. “No voler recordar és pitjor que perdre la memòria, perquè se fa volent, com un furt”, explica la anciana de Seròs Marieta de ca Pano en Sota la pell, un arbre, la novela en la que Pere Pena, del Baix Segre como la aitonenca Ibars, reconstruye el horror franquista. No hay tiempo que perder. “Los dies corren més que les llebres”, dice Antonieta de cal Francès, otra fuente nonagenaria de Pena. Las obligaciones morales hay que atenderlas, y eso es lo que intentamos hacer con el libro de Teresa Ibars que todos los lectores tendrán en sus manos la próxima diada de Sant Jordi de forma gratuita junto con el ejemplar del diario.