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Las andanzas de la presunta ‘fontanera’ del PSOE Leire Díez, algunos de cuyos episodios parecen sacados de una historieta de Mortadelo y Filemón, han acabado con la imputación del exnúmero 3 socialista Santos Cerdán, y del exvicepresidente de la Junta de Andalucía Gaspar Zarrías, entre otras personas, por formar parte de una supuesta trama que tendría como objetivo desestabilizar los procedimientos judiciales que afectaban al partido y al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El sumario indica que Díez y otros integrantes de la trama habrían hablado con cargos públicos, como responsables de la Guardia Civil, para frenar las investigaciones. Visto cómo han evolucionado los hechos, hay que concluir que de cualquier manera han fracasado estrepitosamente. No obstante, este es un elemento secundario. El principal es que se intente poner al servicio del partido organismos públicos en detrimento del interés general. Por desgracia, esta es una práctica que no es excepcional, como lo evidencia que justo ahora también se está celebrando el juicio por el denominado ‘caso Kitchen’, en el que el Gobierno del PP había utilizado las fuerzas de seguridad para evitar que saliera a la luz toda la documentación relacionada con la financiación ilegal y los pagos a dirigentes del partido que estaba en poder de su extesorero, Luis Bárcenas. Mientras, en Catalunya está pendiente de juicio el ‘caso 3%’ de presunta financiación irregular de CDC a través de comisiones en obras públicas. La lista es muy larga, porque los casos de corrupción se cuentan por decenas en las últimas décadas. Además, hay conductas censurables que no llegan al ámbito judicial en las que también se aprovechan las instituciones con finalidades partidistas, como por ejemplo en la cobertura de determinados empleos públicos. Siempre habrá corruptos y aprovechados, pero todas estas prácticas podrían prevenirse en gran medida con normativas que garantizaran una transparencia real de la administración pública, por un lado, y que preservaran la independencia de sus empleados, por el otro.

El fin del Lleida CF

El plazo para evitar la liquidación del Lleida CF finalizó ayer sin que se haya presentado ninguna propuesta de acuerdo para saldar la deuda. Una vez se haya confirmado oficialmente, dentro de unas semanas se materializará la desaparición del club, quince años después de que la histórica UE Lleida, de la que era sucesor, acabara de la misma forma. Como ya dijimos en esta misma sección, los principales responsables son quienes han gestionado la entidad. Echar la culpa a los demás siempre es lo más fácil, pero no son los que han generado la deuda que ha acabado aplastando al club.

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