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Ceuta vive una crisis migratoria sin precedentes después de que en los últimos días unas 50.000 personas procedentes de Marruecos hayan saltado la frontera. La gran mayoría son jóvenes y muchos han entrado en territorio español a nado por el mar, rodeando el espigón que separa ambos países. Los centros de acogida y los servicios de esta ciudad autónoma enclavada en el norte del continente africano han quedado totalmente sobrepasados y se ha desatado una tormenta política no solo a nivel estatal, sino europeo. Italia, Finlandia y Dinamarca pidieron que el espacio Schengen, que permite la libre circulación dentro de la UE, quede cerrado para España, para evitar que los migrantes que han entrado de forma irregular puedan acceder a otros países, mientras que Francia anunció un refuerzo de los controles fronterizos. El PP y Vox culparon de inmediato al Gobierno central de incapacidad para evitar lo que ven como una invasión, a la vez que atribuyeron esta avalancha a un efecto llamada por proceso de regularización de extranjeros. Curiosamente, no citaron una reciente sentencia del Tribunal Supremo, del pasado 8 de julio, que determinaba que la ley no permite retornar de forma inmediata a su país de origen (las denominadas devoluciones en caliente) a las personas que pretenden entrar a nado en Ceuta o Melilla. El sentido común indica que este fallo genera un efecto llamada mucho mayor que el proceso de regularización, que finalizó el pasado 30 de junio y estaba destinado a migrantes que ya llevaban un tiempo viviendo en territorio español. Tampoco parece casual que este alud humano se haya registrado pocos días después de que España restableciera sus relaciones con Argelia, adversario histórico de Marruecos. Mientras el Gobierno central afirmaba el jueves que el reino alauita estaba cooperando para frenar el flujo de entradas, lo cierto es que los agentes marroquíes destinados junto a la frontera se retiraron cuando miles de jóvenes se dirigían hacia la frontera. Hechas estas consideraciones, Pedro Sánchez y su ejecutivo deben hacer autocrítica, porque está claro que no tenían ni idea de la magnitud de la avalancha migratoria que se estaba preparando ni fueron capaces de reaccionar ante ella de forma inmediata. Ayer, Sánchez visitó Ceuta, calificó lo sucedido de “violación de la integridad territorial de España”, anunció la instalación de boyas para evitar las entradas a nado por el mar y dijo que espera poder materializar “cuanto antes” la “devolución” de los migrantes que han entrado de forma irregular. De hecho, unos cuantos miles ya regresaron ayer mismo de forma voluntaria a Marruecos. Aunque la situación se normalice en breve, este episodio servirá para alimentar los discursos de la extrema derecha y habrá costado la vida a decenas de personas –al menos 43– que se ahogaron en el mar en su intento de llegar a Ceuta.

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