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Uno de los médicos que atendieron a Gonçalves, al lado el cuerpo ya sin vida del portugués.

Uno de los médicos que atendieron a Gonçalves, al lado el cuerpo ya sin vida del portugués.EFE

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Aunque Albert Einstein jamás pronunció esta frase, que tantas veces se le atribuye, para gozo de un buen amigo mío que es un fan de las citas falsas, es cierto que, al menos en el mundo del deporte, todo es relativo. Se celebran con jolgorio y algarabía partidos ganados y títulos conseguidos, tanto si se trata de trofeos a nivel mundial como un simple torneo de verano en un barrio. Y cualquier derrota se convierte en un drama y motivo de acalorada discusión en grupos de personas que no suelen tener nada más interesante de que hablar.

Pero el más grande de los triunfos y la gesta más espectacular, queda pequeña cuando muere una persona. Ayer falleció en el Dakar el piloto portugués Paulo Gonçalves, de 40 años, un partipante veterano que sufrió un fatal accidente. La muerte forma parte de la propia existencia humana y es una circunstancia inevitable que acaba por alcanzar a ricos y pobres, a personas excelentes y a las más miserables.

Cierto es que hay deportes en los que hay más probabilidades de sufrir un accidente mortal. Y el mundo del motor es uno de ellos. En la historia del Dakar han fallecido una treintena de pilotos, además de espectadores. Los deportistas que participan en estas disciplinas son los primeros en asumir los riesgos.

Gonçalves, además, formaba parte de un equipo cuyo director deportivo es leridano. Tragedias como esta te recuerdan que, en efecto, hay muchas cosas que simplemente, son relativas.

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