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No, el título de este artículo no se trata de un error. En esta versión –muy– libre de la juventud del detective por excelencia creado por Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes (Hero Fiennes Tiffin), nos encontramos sorpresas como esta: su compañero de aventuras es el principal antagonista de la obra original, James Moriarty (Dónal Finn). Ambientada en la Inglaterra victoriana, la trama sigue a un joven Sherlock de 19 años tan brillante como temerario. Tras un encontronazo con la ley y con su libertad en juego, su hermano Mycroft Holmes (Max Irons) decide colocarlo en Oxford en un trabajo de subalterno –más como castigo pedagógico que no como oportunidad–. Sin embargo, su tediosa rutina da un vuelco con un misterioso asesinato en el campus y el robo de unos valiosos documentos que arrastran al futuro mito de la literatura detectivesca a su primer gran caso. Su amigo Moriarty y la princesa Gulun Shou’an (Zine Tseng), enigmática presencia extranjera bajo vigilancia y no exenta de secretos, completan las piezas del show para resolver el puzle entre persecuciones, conspiraciones de alcance internacional y un Oxford cargado de intrigas, construyendo así una génesis más acorde al tono del género criminal moderno y alejada del personaje clásico. Guy Ritchie (Lock & Stock, Snatch: Cerdos y diamantes), productor principal y firma estética del proyecto, regresa al universo holmesiano –tras sus dos películas con Robert Downey Jr.– con paso firme aunque con una propuesta arriesgada. Fiennes Tiffin no termina de encajar en el imaginario visual del protagonista, y la concepción poco canónica que adopta el show se plantea como precuela espiritual del cineasta, liberada de cualquier ortodoxia. Irritación aparte del público más purista, la estética prevalece sobre el misterio y, al final, solo queda por preguntarnos si los apellidos Holmes y Moriarty se limitan a ser un mero gancho comercial. El montaje rápido, el humor gamberro y la acción vistosa como motor del relato son las principales claves para un entretenimiento eficaz, obviando lo anteriormente mencionado, pero es evidente que la serie queda a años luz de otras producciones como Sherlock (2010). No cabe buscar, por tanto, demasiados guiños a las novelas de Doyle: no los hay, aunque hay que reconocer que la dinámica entre el tándem Holmes-Moriarty tiene su gracia. De confirmarse una segunda parte, los volveríamos a ver en acción a finales de 2027.

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