La lupa del control
¿Que hay que poner la lupa en los procesos de las empresas? Sin ninguna duda. ¿Que hay que fiscalizar las cosas? Sí, tienen mi voto. ¿Pero no creen que, de alguna manera, hay alguien que siempre sale perdiendo? Sí. No les sorprenderá si les digo que quien pierde es, para sorpresa de nadie, el empresario. Porque el empresario aún arrastra el estigma de "malo de la película". Aquel que “esclaviza” a los trabajadores y que solo busca beneficios; aquello del capitalismo salvaje y toda la retahíla de tópicos que podamos enumerar. Muy bien.
Ahora hagamos el ejercicio de listar a los emprendedores y empresarios que aparecen en estas páginas de PIMEC Joves. Gente joven, primeras, segundas y terceras generaciones que buscan sacar adelante proyectos, mantener negocios familiares o, simplemente, sobrevivir y ganarse la vida lo mejor que puedan.
Hablaba hace un momento de fiscalizar y controlar. Hemos tenido recientemente el aplazamiento del Verifactu, que debe controlar que toda factura llegue a buen puerto. Al emprendedor le cuesta dinero (software nuevo) y horas de trabajo y gestión. Nada que decir, si ha de ser por el bien común. Resulta que hemos instaurado el registro horario, que los trabajadores a menudo aborrecen y que al emprendedor le cuesta —no lo adivinarían nunca— dinero y horas de trabajo y gestión. Nada que decir. Resulta que ahora nos llega la transparencia salarial y los planes de igualdad o LGTBIQ+. Y seguro que al emprendedor le cuesta, para variar, más dinero y más horas de trabajo y gestión.
Quizás alguien se preguntará si toda esta telaraña burocrática es para favorecer al sistema o para asfixiar a quien lo alimenta. Porque la realidad del día a día del joven empresario es una carrera de obstáculos administrativa. Si queremos que el tejido empresarial sobreviva, quizá habría que poner la lupa –no lo sé, diría, supongo, planteo, añado, intuyo, deseo–, en cómo hacernos la vida un poco más fácil.