La pirámide invertida de alimentación de Donald Trump: nutricionistas leridanas reaccionan a la propuesta de que divide a los expertos
Destacan que le falta la presencia de agua y de actividad física, pero no se ponen de acuerdo con la presencia de la carne y los lácticos arriba de la pirámide

Imagen de archivo del secretario de Salud de los EE.UU., Robert F. Kennedy, Jr, junto con la pirámide invertida que ha presentado este pasado 8 de enero.
El pasado 8 de enero el polémico secretario de Salud de los Estados Unidos, Robert Francis Kennedy Jr., mano derecha de Trump y defensor de la "ineficacia" de las vacunas, provocó un terremoto de opiniones después de su nuevo anuncio: una nueva pirámide de los alimentos. La noticia, esta vez, no era sólo con que la pusieran boca abajo, sino que fue objeto de muchas opiniones la posición de ciertos alimentos dentro del triángulo: la carne roja y los lácticos, arriba de todo, ocupando la parte más importando de la composición junto con las verduras.

La nueva pirámide alimenticia invertida que ha propuesto el gobierno de los EE.UU.
La controversia aparece porque, desde 1991, cuando se publica la primera pirámide de los alimentos (la que todos conocemos, con los cereales abajo y los refrescos y snacks arriba de todo) hasta ahora, pasando por guías como el 'Plato de Harvard', todas las guías de alimentos, por mucho que se centren en los productos de cada país donde se hace, siempre había priorizado muy poco los alimentos como la carne roja o los lácticos, que llevan un gran componente de grasas saturadas.

La primera pirámide de los alimentos propuesta por los EE.UU., junto con el concepto del 'Plato de Harvard'.
Este cambio radical de la manera de ver la alimentación del gobierno de los EE.UU. ha traído a mucha gente, como la dietista y nutricionista pediátrica leridana Naila Martínez, a pensar que esta pirámide invertida nace de ciertas presiones de las grandes empresas de los Estados Unidos. "La guía oficial que ha salido junto con la pirámide da instrucciones alineadas con lo que recomendamos los expertos, pero después en su representación, la pirámide, el gobierno ha decidido poner los lácticos y la carne roja, que llevan muchas grasas saturadas, encima de todo bajo el lema 'Comida real', en vez de alimentos también ricos en proteína y con menos grasas saturadas como las legumbres. [...] No sé hasta qué punto las grandes empresas de los EE.UU. pueden sesgar la administración, pero espero que en lugares como los comedores escolares de allí sigan las recomendaciones de la guía, y no sólo de la pirámide".
Por otra parte, la dietista-nutricionista y fisioterapeuta leridana Georgina Dolcet, con un enfoque desde la PNIE clínica (psiconeuroimmunoendocrinología clínica), aplaude la decisión porque expone la importancia del consumo de alimentos "reales". Asegura que "durante muchos años se ha demonizado la proteína de origen animal y se ha normalizado el consumo diario de cereales y otros alimentos procesados en nuestra alimentación".
Aun así, insiste en que, a nivel de proteína animal, "hace falta diferenciar entre los embutidos o las carnes procesadas y la carne de origen animal, ya sea pollo, conejo o ternera, así como incluir dentro de la ingesta proteica el pescado, el marisco y los huevos". Al mismo tiempo, en el ámbito de los lácticos, "recomendaría consumir de manera mucho más ocasional y en forma de productos fermentados —y, si pueden ser de cabra o de oveja, mucho mejor—, ya que contienen menos caseína, una proteína inflamatoria para nuestro intestino, y que en nuestro día a día podemos llegar a consumir en exceso".
Dolcet también defiende el consumo de proteína animal por su "biodisponibilidad en relación con la proteína vegetal", además del hecho de que esta puede resultar "indigesta en muchas personas a causa de la lectina, una proteína presente en las legumbres que forma parte del sistema de defensa vegetal". Es por eso que, a veces, "cuando consumimos leguminosas nos podemos sentir más inflamados, con gases y malestar digestivo", explica Dolcet. Aun así, insiste en que "hay que individualizar cada caso, ya que hay personas que las toleran bien o que siguen una alimentación vegetariana o vegana, y en estos casos habría que incorporarlas".
La nutricionista también destaca de manera favorable, al mismo tiempo, la presencia de las grasas en la pirámide, como el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos o el pescado azul, así como de los hidratos de carbono en forma de tubérculos, hortalizas, fruta y verdura, "que tendrían que acompañar la proteína". Sin embargo, explica que "la alimentación se tiene que individualizar siempre, entendiendo el contexto vital de cada persona; por esta razón, hace falta conocer y escuchar nuestro cuerpo y, en caso de necesidad, buscar el acompañamiento adecuado", concluye Dolcet.
Les dos nutricionistas, sin embargo, sí que se ponen de acuerdo en la falta de agua mineral en la pirámide, bebida esencial para todo el mundo. "También faltaría toda la parte de gestión emocional, el ejercicio físico, y de la importancia de cuidar los biorritmos, así como de un descanso regenerador que es tan importante o más importante como una buena alimentación", asegura Dolcet.
Martínez, en cambio, pone el foco en nuestra casa. "Es importante destacar que esta lista es de los Estados Unidos, que se rigen por su propio sistema. Aquí, tanto la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) como la Agencia de Salud Pública de Cataluña están adaptadas a nuestra dieta (como con el aceite de oliva virgen extra, que tanto producimos aquí) y son las que tendríamos que seguir. Los nutricionistas, en general, nos hemos indignado por la pirámide invertida de los EE.UU. y se ha hecho viral, pero más allá de la anécdota, aquí no deberíamos hacerle caso".