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FESTES

Bacanal entre Rómulo y Venus

La celebración que cierra la fiesta romana de Guissona reúne a 600 patricios en su 23 edición || Una quincena de jóvenes bailarinas protagonizan el espectáculo de danza previo

Las bailarinas de la escuela de danza Montse Esteve, en un momento de la actuación.

Las bailarinas de la escuela de danza Montse Esteve, en un momento de la actuación.X.SANTESMASSES

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Un total de 600 patricios participaron en la madrugada de este domingo en la 23 edición de la Bacanal, la celebración que cada año cierra la fiesta romana de Guissona. Si el día estuvo dedicado a la fundación de Roma, la noche se fue con Venus y una veintena de vaginas colgantes en el parque del Estany.

La fiesta simula que es la Iesso del año 723 a.C., a las diez de la noche. Los mercaderes ultiman la retirada de sus paradas. Han apagado el alumbrado público y no queda una sola alma en las calles. Cuando comienza la actividad nocturna de la fiesta romana, toda la población está en la plaza Major.

Amadeu Pipó hace sonar los primeros compases del segundo movimiento de la séptima sinfonía de Beethoven. Aparecen Rómulo (Paula), con vestido negro, y Remo (Mar), de blanco. Se mueven unidos por un trozo de tela negra que hace las veces de cordón umbilical. Finalmente, Rómulo asesina a su hermano.

El parque del Estany quedó ambientado con vaginas gigantes y se prepararon 500 litros de pócima

Así comenzaron los 5 movimientos del espectáculo de la escuela de danza Montse Esteve. Catorce bailarinas de entre 15 y 17 años y una de solo 6 años salieron a escena para escenificar los recuerdos de infancia de Rómulo. Era la primera vez que actuaban en la plaza después de que este año Esteve haya renovado el equipo.

El argumento nos situó en el nacimiento de Roma, la expansión del imperio, los recuerdos de Rómulo y acabó de nuevo con Beethoven, con la novena sinfonía. El público se fundió en un largo aplauso y subió a escena por 22 año consecutivo Montse Esteve, acompañada de la artista encargada del maquillaje, Agnès Pla, y la responsable del vestuario, Chelo Pardo.

Pocos minutos después, a las once, la celebración se trasladó al Portal de l’Àngel. Allí, 600 ruidosos patricios tomaron uno a uno su antorcha y el César presidió su último viaje como emperador, dos kilómetros a pie hasta el parque del Estany. La Bacanal, siempre dos años por delante, estuvo dedicada a Venus.

Una docena de jóvenes se ocuparon de ambientar el parque, destacando una veintena de vaginas gigantes colgadas de árboles y paredes, con fotocony incluido. La noche comenzó con cena y 500 litros de pócima preparada por Jaume Ribalta. De hecho, de la primera Bacanal solo queda la Pócima, que se renueva en cada edición, Jaume Ribalta y Miquel Parramon, el primer césar y creador de la fiesta.

Los demás, en su mayoría, nacieron tras la primera Bacanal. Y es que hoy la fiesta ha conseguido un nuevo galón, es una tradición y eso pasa cuando los que la organizan lo hacen con la vista puesta en los orígenes. Buena prueba de ello es que incluso la presentadora, Maria, es precisamente la sobrina del primer speaker, Xesco Grau.

A las dos llegó el momento culminante, el concurso de oratoria en el que se vota a los que serán césar y cleopatra durante las próximas 365 calendas. Tienen un mandato de 10 años y en cada edición han de preparar la fiesta, servirla y limpiar el parque a cambio de la gratitud de los patricios. Al final aparecieron dos candidatos y, tras estos, dos antiguos césares, Carboné y Ribe. El público votó por este último, que repetirá en el cargo 5 años después.

El cargo de Cleopatra será para su mujer, Francina, la única que se atrevió a subir al escenario. La celebración siguió con un espectáculo de sombras chinas, una guerra de besos, música en directo, algo de fruta y mucha pócima para poder resistir hasta las 11 de la mañana.

Las bailarinas de la escuela de danza Montse Esteve, en un momento de la actuación.

Las bailarinas de la escuela de danza Montse Esteve, en un momento de la actuación.X.SANTESMASSES

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