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Atragantamientos infantiles: pelar uvas y cortarlas previene riesgos

La Asociación Española de Pediatría (AEP) subraya la importancia de preparar las uvas para menores de 5 años en fin de año, ofreciendo pautas de seguridad y primeros auxilios ante el riesgo de asfixia

Mockup Graphics / Unsplash

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Lluís Serrano
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Con la llegada de la celebración de fin de año, la seguridad infantil vuelve a ser una prioridad. El doctor Ignacio Manrique, coordinador del Comité de Soporte Vital de la Asociación Española de Pediatría (CSV-AEP), ha enfatizado una medida crucial para prevenir atragantamientos en menores de 5 años: pelar las uvas y cortarlas en cuatro trozos a lo largo. Esta sencilla acción puede mitigar significativamente el riesgo de asfixia, una de las principales causas de mortalidad infantil, especialmente en estas fechas tan señaladas.

El doctor Manrique ha alertado sobre la persistencia de estos incidentes, afirmando que "no hay año en que no acabe algún niño en urgencias por este motivo", con desenlaces que pueden ser "graves o incluso fatales". Por ello, el especialista insiste en la importancia vital de la prevención de atragantamientos y en la necesidad de saber cómo reaccionar. Subraya que "el atragantamiento se puede prevenir tomando las medidas adecuadas" y, fundamentalmente, "aprendiendo a actuar correctamente si se da un episodio", lo que resalta la relevancia de la formación en primeros auxilios.

Para una mayor seguridad, el experto del CSV-AEP ha extendido sus recomendaciones, aconsejando que las uvas se ofrezcan sin piel ni semillas. La razón es clara: la piel, al ser resbaladiza, "puede deslizarse sin querer hacia la garganta" del menor, aumentando exponencialmente el riesgo de asfixia. Esta precaución adicional es fundamental para minimizar los peligros asociados a esta fruta.

Asimismo, Manrique ha enfatizado la necesidad de que los niños consuman las uvas sentados y en un ambiente tranquilo, siempre bajo la atenta supervisión de un adulto. Esta medida es clave para evitar distracciones que puedan incrementar el riesgo. Además, ha sugerido alternativas "seguras" a las uvas, como los gusanitos de sémola de maíz o las pasas, que pueden ser una excelente opción para los más pequeños durante las celebraciones.

No obstante, las uvas no son el único alimento que representa un riesgo durante las vacaciones navideñas. Este periodo festivo incrementa el consumo de otros productos potencialmente peligrosos, como turrones, frutos secos, peladillas, palomitas de maíz o caramelos. Estos últimos, en particular los de textura dura y forma redonda, son especialmente preocupantes, ya que pueden bloquear completamente la vía aérea de un niño en cuestión de segundos. Su lenta disolución y la facilidad con la que encajan en la garganta los convierten en un serio peligro.

Ante esta realidad, el CSV-AEP ha emitido una clara recomendación: evitar el consumo de caramelos en niños de entre 0 y 3 años. Para el grupo de edad de 3 a 5 años, el riesgo de atragantamiento sigue siendo considerablemente alto, incluso bajo la supervisión de familiares o adultos. Aunque el peligro disminuye a partir de los 5 años, es crucial entender que el riesgo no desaparece por completo, por lo que la precaución debe mantenerse.

Actuación ante un atragantamiento

En el desafortunado caso de que se produzca un atragantamiento, el doctor Manrique ha querido desmentir mitos comunes que, lejos de ayudar, pueden agravar la situación. Advierte firmemente contra la práctica de meter el dedo en la boca del niño para intentar extraer el objeto, ya que esto "puede incluso empujarlo más profundamente" y causar lesiones adicionales. De igual modo, desaconseja levantar al niño por los pies, calificándola de "práctica ineficaz, además de peligrosa" para la vía aérea.

El especialista ha recalcado una pauta fundamental: si el niño está consciente y presenta una tos efectiva, es decir, capaz de emitir sonidos y respirar, no se debe intervenir ni propinar golpes en la espalda. La tos es, en estos casos, el mecanismo natural del cuerpo para expulsar el objeto extraño, y cualquier interferencia podría ser contraproducente.

Sin embargo, la situación cambia drásticamente si el niño está consciente pero sufre de tos inefectiva o dificultad respiratoria. En este escenario, la primera acción es pedir ayuda de inmediato a las personas cercanas o contactar con el 112. Acto seguido, se debe revisar la boca del menor para extraer el cuerpo extraño si este es visible y accesible. Posteriormente, se procederá a realizar cinco golpes en la espalda (entre los omóplatos) seguidos de cinco compresiones abdominales (la conocida maniobra de Heimlich). Estos pasos deben repetirse de forma continuada hasta que el niño logre respirar con normalidad, expulse el objeto o, lamentablemente, pierda el conocimiento.

Si el niño llega a perder el conocimiento, es imperativo iniciar de inmediato maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) básica y contactar sin dilación con el servicio de emergencias. Una vez que el objeto ha sido expulsado, es crucial acudir al hospital para una evaluación médica completa. Esto permitirá descartar cualquier posible lesión interna o complicación derivada del episodio de atragantamiento, garantizando así la plena recuperación del menor.

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