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Conservantes alimentarios y riesgo de cáncer: un nuevo estudio advierte que un mayor consumo de un tipo de aditivos aumenta el riesgo

El informe insta a reevaluar su regulación por las implicaciones en la salud pública

Estanterías con comida en un establecimiento.

Estanterías con comida en un establecimiento.Alan Alves / Unsplash

Lluís Serrano
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Un reciente estudio llevado a cabo en Francia y publicado en la prestigiosa revista 'The BMJ' ha revelado una asociación entre el consumo elevado de conservantes alimentarios y un riesgo ligeramente superior de desarrollar cáncer. Estos aditivos, omnipresentes en la industria para prolongar la vida útil de productos procesados, plantean interrogantes sobre su seguridad. Los investigadores, aunque solicitan más análisis, subrayan la necesidad urgente de revisar las normativas actuales que rigen su empleo, buscando así una mayor protección para los consumidores.

Los conservantes son componentes químicos esenciales en la industria alimentaria, incorporados a productos envasados para extender su durabilidad. Aunque investigaciones previas han sugerido que algunos de estos aditivos podrían ocasionar daños a nivel celular y genético, la correlación directa con el cáncer carecía hasta ahora de pruebas contundentes. Con el fin de arrojar luz sobre esta cuestión, el equipo de científicos se propuso investigar la relación entre la exposición a estos aditivos y el riesgo oncológico en adultos, analizando datos dietéticos y sanitarios recopilados entre 2009 y 2023.

Los resultados de este estudio se fundamentan en una cohorte de 105.260 participantes, todos mayores de 15 años y con una edad media de 42 años, siendo el 79 % mujeres. Estos individuos, inicialmente libres de cáncer, formaron parte del estudio NutriNet-Santé y proporcionaron registros dietéticos detallados de 24 horas, incluyendo marcas específicas, durante una media de 7,5 años. El seguimiento de los diagnósticos de cáncer se realizó mediante cuestionarios de salud y registros médicos y de defunción oficiales, abarcando hasta el 31 de diciembre de 2023.

Conservantes analizados y hallazgos generales

El análisis abarcó un total de 17 conservantes específicos, entre los que se encontraban el ácido cítrico, las lecitinas, los sulfitos totales, el ácido ascórbico, el nitrito de sodio, el sorbato de potasio, el eritorbato de sodio, el ascorbato de sodio, el metabisulfito de potasio y el nitrato de potasio. Estos aditivos se clasificaron en dos categorías principales: los no antioxidantes, cuya función es inhibir el crecimiento microbiano o ralentizar las alteraciones químicas que provocan el deterioro, y los antioxidantes, que actúan retrasando o previniendo la degradación de los alimentos al reducir o limitar el oxígeno en el envase. A lo largo del periodo de observación, 4.226 participantes fueron diagnosticados con algún tipo de cáncer, desglosándose en 1.208 casos de mama, 508 de próstata, 352 de cáncer colorrectal y 2.158 de otras tipologías. Es relevante destacar que, de los 17 conservantes examinados de forma individual, 11 no mostraron asociación alguna con la incidencia de cáncer, y tampoco se halló una conexión entre el consumo total de conservantes y el riesgo oncológico general.

Conservantes específicos y riesgos identificados

A pesar de los hallazgos generales, se observó que una ingesta superior de ciertos conservantes, predominantemente no antioxidantes como el sorbato de potasio, el metabisulfito de potasio, el nitrito de sodio, el nitrato de potasio y el ácido acético, sí se correlacionaba con un incremento en el riesgo de cáncer, en comparación con aquellos que los consumían en menor medida o no los ingerían. Por ejemplo, los sorbatos en su conjunto, y en particular el sorbato de potasio, mostraron una asociación con un aumento del 14 % en el riesgo de cáncer general y un 26 % en el de mama. Los sulfitos totales, por su parte, se vincularon a un incremento del 12 % en el riesgo oncológico global. El nitrito de sodio se asoció con un notable aumento del 32 % en el riesgo de cáncer de próstata, mientras que el nitrato de potasio elevó el riesgo de cáncer general en un 13 % y el de mama en un 22 %. Los acetatos totales se relacionaron con un 15 % más de riesgo de cáncer general y un 25 % más de cáncer de mama, y el ácido acético, específicamente, con un 12 % de aumento en el riesgo oncológico global. Dentro de la categoría de conservantes antioxidantes, únicamente los eritorbatos totales y el eritorbato de sodio en particular, se vincularon a una mayor incidencia de cáncer.

Implicaciones y llamada a la acción

Aunque se requiere investigación adicional para una comprensión más profunda de estos riesgos potenciales, los científicos apuntan a que algunos de estos compuestos podrían alterar las vías inmunes e inflamatorias, lo que, a su vez, podría desencadenar el desarrollo oncológico. Es crucial recordar que, al ser un estudio observacional, no permite establecer conclusiones definitivas de causa y efecto. Los investigadores reconocen la posibilidad de que factores no cuantificados hayan podido influir en los resultados. No obstante, enfatizan que se trata de una investigación exhaustiva, basada en registros dietéticos pormenorizados y vinculados a bases de datos alimentarias durante 14 años, y que sus hallazgos son coherentes con la evidencia experimental previa que sugiere efectos adversos cancerígenos de varios de estos compuestos. "Este estudio aporta nuevos conocimientos para la futura reevaluación de la seguridad de estos aditivos alimentarios por parte de las agencias de salud, considerando el equilibrio entre el beneficio y el riesgo para la conservación de los alimentos y el cáncer", afirman los autores. En este contexto, instan a los fabricantes a restringir el uso de conservantes superfluos y respaldan las directrices que aconsejan a los consumidores optar por alimentos frescos y mínimamente procesados.

Perspectiva política y regulatoria

Desde el ámbito político, los conservantes presentan ventajas evidentes al prolongar la caducidad de los alimentos y disminuir los costes de producción, un aspecto especialmente relevante para segmentos de la población con menores recursos económicos, según apuntan investigadores estadounidenses en un editorial asociado. No obstante, estos expertos advierten que la utilización extendida y, con frecuencia, poco supervisada de estos aditivos, sumada a las incertidumbres sobre sus repercusiones a largo plazo en la salud, demanda una estrategia más equitativa. Los resultados del estudio NutriNet-Santé podrían motivar a las agencias reguladoras a revisar las normativas vigentes, proponiendo medidas como la imposición de límites de uso más rigurosos, la exigencia de un etiquetado más transparente y la obligatoriedad de declarar el contenido de aditivos. Asimismo, iniciativas de monitorización global y colaborativa, análogas a las ya implementadas para los ácidos grasos trans y el sodio, podrían servir de apoyo para evaluaciones de riesgo fundamentadas en la evidencia y orientar la reformulación de productos por parte de la industria alimentaria, según exponen. "A nivel individual, las directrices de salud pública ya son más definitivas en cuanto a la reducción del consumo de carne procesada y alcohol, y ofrecen medidas prácticas incluso cuando la evidencia sobre los efectos cancerígenos de los conservantes está evolucionando", concluyen los especialistas, reafirmando la importancia de la prevención personal.

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