Interrumpir al hablar: lo que dice de nuestra personalidad y de cómo nos relacionamos

Dos personas manteniendo una conversación.
Interrumpir durante una conversación es, en muchos casos, inevitable y a menudo inconsciente. Aunque suele interpretarse como una falta de cortesía, este comportamiento está estrechamente ligado a la personalidad y a distintas necesidades emocionales, como el deseo de expresar ideas, captar atención o evitar silencios incómodos.
La psicóloga de Espacio Ítaca, Andrea Tena, explica que no todas las interrupciones tienen el mismo significado y que el contexto es clave para entenderlas. “No es lo mismo una interrupción por entusiasmo que una que busca desautorizar, desacreditar o cambiar de tema”, señala. Mientras las primeras pueden reflejar empatía y conexión, las segundas pueden responder a intentos de dominar la conversación o situarse por encima del otro.
Desde un enfoque comunicativo, las interrupciones pueden servir para mostrar acuerdo, competir, expresar urgencia o tomar el control del diálogo. Según Tena, las personas más extrovertidas o impulsivas suelen tener más dificultad para respetar los turnos de palabra. En otros casos, ciertos rasgos narcisistas o una menor capacidad de empatía pueden llevar a interrumpir para centrar la atención en uno mismo o invalidar al interlocutor, generando malestar en las relaciones personales.
También influyen otros factores, como la intolerancia al silencio, la ansiedad social o haber crecido en entornos donde era necesario “pelear” por ser escuchado. “Interrumpir puede convertirse en una estrategia inconsciente para asegurarse un espacio, aunque a largo plazo termine alejando a los demás”, concluye la psicóloga.