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TRADICIONES

¿Desde cuándo se lanza confeti y no flores, a la Batalla de les Flors de Lleida?

Se originó con una procesión a Sant Anastasi y hoy es uno de los actos festivos más multitudinarios

La carroza de la Asociación de Vecinos de la Partida de Montcada, desfilando por Rambla Ferran en la Batalla de Flors de 1983. - ARCHIVO

La carroza de la Asociación de Vecinos de la Partida de Montcada, desfilando por Rambla Ferran en la Batalla de Flors de 1983. - ARCHIVO

Núria Codony
LLEIDA

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La Rambla Ferran volverá a llenarse mañana de colores y serpentinas con la tradicional Batalla de Flors, uno de los actos más emblemáticos de la Festa Major de Sant Anastasi. Sus orígenes se remontan al siglo XVII, poco después de que Sant Anastasi fuera declarado patrón de Lleida en 1627. Según Anna Maria Gaya, historiadora y especialista en fiestas populares, “al principio, la celebración giraba en torno a una procesión de devoción al paso de la figura de Sant Anastasi”. 

Durante el recorrido, la gente le lanzaba flores y coronas desde los balcones como ofrenda.” Con el tiempo, la tradición adquirió un carácter algo distinto. Gaya explica que “las jóvenes casamenteras recogían flores y coronas para lanzarlas al santo. Si acertaban a coronarlo, se decía que se casarían antes de un año”. 

Así surgió lo que hoy conocemos como la Batalla de Flors. Ya en el siglo XIX hay constancia de carteles anunciando la trena de flors, y a principios del siglo XX, concretamente en 1920, la celebración evolucionó hacia un desfile de carrozas decoradas con flores naturales, principalmente de l’Horta de Lleida. 

Estas competían por mostrar la más artística, acompañadas de bandas y grupos folclóricos. Según Gaya, “a partir de los años 50, la dificultad de conseguir flores naturales llevó a reemplazarlas por confeti y serpentinas”.

Carrossa de la històrica Penya Cornudos, any 1984. - ARXIU

Carrossa de la històrica Penya Cornudos, any 1984. - ARXIU

Hoy, la Batalla de Flors mantiene viva su esencia histórica, conservando su nombre original a pesar de los cambios. En el desfile participan decenas de entidades de Ponent, y las carrozas recorren la Rambla Ferran en tres vueltas, aumentando la intensidad a cada paso, hasta convertir la calle en un auténtico estallido de color. “Sigue siendo uno de los eventos más esperados de la ciudad, donde grandes y pequeños pueden implicarse”, señala Gaya.

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