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José Gálvez y Pau Gairí, los cerebros detrás de ControlGun, la “caja negra” de las pistolas

Después de conocer los detalles técnicos de esta “caja negra”, ControlGun, hablamos con sus creadores: José Gálvez, mosso d'esquadra del Grupo de Formación y Entrenamiento de Ponent, y Pau Gairí, investigador de la UdL. Juntos han transformado una necesidad a pie de calle en una tesis doctoral y un producto de vanguardia.

José Gálvez y Pau Gairí, los cerebros detrás de ControlGun,

José Gálvez y Pau Gairí, los cerebros detrás de ControlGun,

Redacció Vint-i-dos
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¿José, más allá de la alerta de munición, cómo cambia la psicología del agente en saber que el arma “piensa” en él, con ControlGun

José Gálvez: El cambio es total. En situaciones estresantes, hemos visto agentes intentando disparar un arma vacía durante segundos que parecen horas. Eso es tiempo vital. Con Control Gun, el agente no tiene que “procesar” que se ha quedado sin balas porque el dispositivo le envía una señal física, vibratoria o acústica, antes de que pase. Eso nos permite gestionar el tiempo con seguridad: ir a buscar cobertura mientras todavía tienes una bala en la recámara. Pasamos de la reacción a la prevención.

Pau, habláis del dispositivo como una “caja negra”. ¿Qué dificultad tiene digitalizar un objeto tan analógico como una pistola? 

Pau Gairí: Mucha, porque las personas no somos robóticas; nos movemos de forma aleatoria y eso genera señales muy complejas. El gran reto, más que un gran problema técnico, es la suma de mil detalles: movimientos del chasis al disparar o interferencias de la luz solar que nos obligaban a volver atrás y poner filtros. Hemos tardado dos años sólo en diseñar el algoritmo actual, que ya tiene un 99% de fiabilidad. Ahora el reto es la “generalización”: que el algoritmo funcione en cualquier dispositivo que no haya visto nunca, detectando las variables de cada fabricante.

El proyecto nació hace cinco años. ¿Cómo ha sido esta colaboración entre el mundo policial, el privado y el académico? 

José Gálvez: Ha sido clave el apoyo de gente como Antonio Brueño, presidente del Campo de Tiro Olímpico de Lleida, que nos ha cedido las instalaciones para probarlo todo. También la Universidad de Lleida ha sido un motor indispensable.

Pau Gairí: Toda la complejidad de encapsular un algoritmo de IA en un dispositivo tan pequeño se ha desarrollado dentro de una tesis doctoral en la UdL, bajo la dirección de los profesores Marcel Tresanchez y Tomàs Pallejà. Es un proyecto ambicioso en que hemos tenido que hacer y deshacer mucho, hasta dejar nuestra huella.

¿Qué es lo que más os sorprende de toda la información que habéis ido recopilando a lo largo de este tiempo? 

José Gálvez: La capacidad de corregir errores humanos que antes eran invisibles. El sistema puede llegar a detectar si estás haciendo una sobrepresión en el disparador o si la angulación del arma no es la correcta en el momento del tiro. Eso nos permite dar sugerencias personalizadas a cada tirador.

Pau Gairí: Y la seguridad jurídica que aporta. En un momento de tensión, un agente puede sufrir “visión de túnel” y no recordar qué ha pasado. El dispositivo no envía los datos a ningún sitio; se quedan guardadas localmente como un registro cronológico objetivo. Si el agente ha actuado correctamente, esta “caja negra” es su mejor prueba para estar tranquilo y seguro de que la verdad quedará registrada. Actúa como un testigo tecnológico imparcial que puede proteger ante cualquier duda.

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