ENTREVISTA
Fernando Valladares, investigador del CSIC y biólogo: «Tenemos que plantearnos si necesitamos tantos tractores»

«Tenemos que plantearnos si necesitamos tantos tractores» - AMADO FORROLLA
Afirma que producimos el doble de la comida que necesitamos a nivel global. ¿Por qué?
Dejamos en riesgo de malnutrición a muchas personas y otras mueren de hambre. Hay comida que se produce de forma muy cara para la exportación, y producciones que dejan sin agua o recursos a otras personas. Además, esta escala de producción tiene efectos ambientales, como el cambio climático y la contaminación, que también matan y provocan problemas de salud.
¿Algún grupo de alimentos destaca en esta sobreproducción?
Se desperdician y se producen en exceso muchos vegetales, como hortalizas y legumbres. Mucha fruta también queda sin recoger porque no es rentable ponerla en el mercado. Pero la ganadería tiene un impacto ambiental mayor, sobre todo el vacuno, tanto en emisiones de gases de efecto invernadero como en consumo de agua y requerimientos de espacio. No hay planeta para 8.000 millones de carnívoros, pero consumimos más carne a medida que crece la economía porque la tecnología abarata los costes directos e inmediatos. Si tuviéramos en cuenta los indirectos, nadie la podría pagar.
¿El problema es la cantidad o el método de producción?
Primero, hay que ajustar la cantidad a lo que necesitamos de verdad, porque el sistema económico nunca tendrá suficiente. No hay tecnología inocua, pero unas son peores que otras, y algunas pueden ayudar mucho a hacer las cosas bien. Sin embargo, la tecnología solo es un medio, tenemos que tener muy claro para qué la queremos usar.
Pero una empresa siempre buscará el máximo beneficio económico... ¿Qué hay que hacer?
Cuestionar profundamente el sistema en el que nos hemos criado. Hay que poner en marcha más y mejores planes de educación, cultura y concienciación. En paralelo, habría que encontrar incentivos para que las empresas no se vean amenazadas, no son ONGs. No obstante, algunas obtienen beneficios obscenos porque echan mano de lo común: el aire, el agua o la biodiversidad. Tendrían que pagarse su propio “alquiler”.
Habla del cambio climático, que en Lleida conocemos bien porque ya rozamos los 45 grados en olas de calor. ¿Qué escenario nos espera si no hay cambios?
Estamos sobrepasando el primer nivel de seguridad que nos propusimos hace una década, el de un grado y medio de calentamiento global [respecto a la época preindustrial], y al ritmo que vamos también superaremos los dos grados. Son palabras mayores. Países vecinos como Francia ya están preparándose para los cuatro grados, un escenario bastante posible a mediados o finales de siglo porque las emisiones siguen creciendo. Sería un clima muy inseguro, más de la mitad de la superficie habitada por humanos dejaría de serlo.
¿Tendremos veranos con 50 grados en Lleida?
Sí. Las olas de calor son más frecuentes, más intensas y rompen más récords de temperatura, ya quisiéramos las de hace 20 años. El ser humano es muy bueno adaptándose, pero hay límites. Una temperatura de 50 grados coagula las proteínas, estamos jugando con fuego. Además, las temperaturas del agua en nuestras latitudes son tan importantes o más. La atmósfera cada vez tiene más agua en forma de vapor y la lluvia es cada vez más catastrófica, pero también sufrimos sequías.
En Lleida somos referentes en el sector agroalimentario. ¿Cómo se puede modernizar para adaptarse al cambio climático?
La gran mayoría de los tractores son de gasoil, y ya se pueden electrificar. Esto no resuelve el problema, pero lo reduce en buena medida. También tenemos que plantearnos si realmente necesitamos tanto tractor. Hay mucho campo que no necesita laboreo, pero lo trabajamos porque es lo que hemos aprendido a hacer, quitando una estructura que nos hace más dependientes de fertilizantes y plaguicidas. El campo se vuelve vulnerable y necesita estos venenos porque con toda la maquinaria y tecnología entramos en una dinámica para producir mucho y rápido.
Entonces, ¿sobran trabajadores en el campo?
Si producimos de forma regenerativa, con un trato más cariñoso con la tierra, se requerirá una mano de obra menos esclavizada que usará las máquinas que hagan falta, muy precisas y con una tecnología más limpia. Produciremos menos, pero de mejor calidad. Los agricultores y ganaderos no se quedarán sin trabajo, pero requerirá mayor precisión. En cambio, ahora tenemos una mano de obra esclavizada que no podemos pagar, y por eso trabajamos con inmigrantes con salarios muy mejorables. En el sistema que hemos creado, los beneficios son muy grandes para algunos, pero los productores son muy vulnerables.