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Payeses de Lleida cultivan 820 hectáreas de soja alta en proteínas

Para la empresa Elian Barcelona, que prevé triplicar compras este año. Una alternativa como primera cosecha o segunda tras un cereal de invierno

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El cultivo de la soja no transgénica es una alternativa de producción para los cerealistas de Lleida y en especial variedades altas en proteína. Todo teniendo en cuenta que Europa apenas produce el 8% de su demanda interna y ha de recurrir a las importaciones, principalmente transgénica de EEUU, Argentina y Brasil. Así quedó de manifiesto ayer en el Breakfast4inno, los encuentros de innovación organizados por Agrotencio y el Parc Agrobiotech de Lleida, con la colaboración de la Diputación de Lleida. El año pasado, agricultores de Lleida cultivaron 820 hectáreas de soja no transgénica alta en proteína para la empresa Elian Barcelona. Cuenta con una fábrica en Barcelona en la que trabaja con todo tipo de soja. Pero entre finales de 2027 y comienzos de 2028 tendrá una segunda planta en la que trabajará solo con alta en proteína. Este año prevé triplicar las mil hectáreas de producción en el Valle del Ebro, fundamentalmente Lleida, y llegar a contar con entre 10.000 y 15.000 en 2030. El director comercial de la futura planta, Richard Petro, explicó que esta producción servirá para elaborar productos concentrados en polvo o texturizado con niveles de proteína entre un 65 y 70% e incluso superior.

El director del grupo de Biotecnología Vegetal aplicada de Agrotecnio y profesor agregado de la Universitat de Lleida, Daniel Plaza Bonilla, explicó que estos productos altos en proteínas se pueden dirigir a alimentación humana, como puede ser el enriquecimiento de alimentos, y también animal premium, como mascotas. Puede ser un cultivo de primera cosecha, pero también conformar una segunda cosecha en campos donde se haya cultivado, por ejemplo, cebada. Su cultivo no presenta grandes diferencias sobre el maíz y, por ejemplo, requiere la misma maquinaria sin necesidad de inversiones adicionales. Su principal limitación es que suele ser menos competitiva frente a las malas hierbas que el maíz, aunque una rotación con este cereal da mejores oportunidades de lucha contra este problema, dijo. Entre otros aspectos, destacó que estas variedades altas en proteínas representan un cambio en los trabajos de mejora genética. Mientras que tradicionalemente se ha incidido en la búsqueda de mejoras de productividad, en este caso se busca la mayor concentración de proteína. La semilla es más cara que la de una soja tradicional, pero la producción también encuentra un plus en el precio que cobra el payés.

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