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Carme Polo, impulsora de la candidatura de La Vall de Boí en el año 2000. - CARME POLO

Carme Polo, impulsora de la candidatura de La Vall de Boí en el año 2000. - CARME POLO

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N.C.V.

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¿Cuál es su principal recuerdo de aquel 30 de noviembre?

Es en Cairns (Australia), donde la Unesco tenía la reunión internacional con representantes de todos los países. Cuando nos anunciaron que las iglesias románicas de La Vall de Boí serían Patrimonio Mundial, llamamos inmediatamente al entonces alcalde, Joan Perelada, que estaba esperando la noticia, y abrimos una botella de cava. Fue un momento inolvidable.

¿Cuál fue el punto fuerte de la candidatura?

Aunque había mucho románico en Europa, La Vall de Boí era especial. Las iglesias se conservaban bien gracias a la población local. Formaban parte de la vida cotidiana y de las tradiciones del pueblo. Cuando surgió la cuestión de la integridad de las pinturas, lo explicamos con el informe del MNAC, que justificaba que las habían conservado fuera del valle para protegerlas. La Unesco lo comprendió perfectamente.

Ahora, 25 años después, ¿sería más difícil de conseguir?

Sí, porque ya hay muchos monumentos románicos reconocidos y los estándares de la Unesco son más exigentes. Además, España y Catalunya ya tienen muchos bienes inscritos y la competencia entre autonomías es alta. La Unesco busca patrimonio más reciente o más original que no esté tan representado.

A los 10 años, redactó un informe sobre lo que definió como ‘modelo único de gestión sostenible’. ¿En qué consistió este documento?

Lo presentamos voluntariamente a la Unesco y se titulaba La Vall de Boí, un modelo de conservación y de gestión. Explicaba la inversión de 12 millones de euros en 10 años para restaurar las iglesias, rehabilitar pueblos y entornos, crear un órgano de gestión y mantener la actividad económica principal, la ganadería. La Unesco lo valoró muy positivamente.

Hace 4 años falleció Joan Perelada, con quien compartieron el proyecto. ¿Cómo lo recuerda?

Conocí a Joan en 1996, cuando empezamos a trabajar en este proyecto. Fue una persona que se volcó en la candidatura desde el inicio. Informó a toda La Vall de Boí sobre el significado de ser patrimonio. Fue un amigo y un gran hombre que consiguió poner esta zona de la Ribagorça en el sitio que le correspondía.

¿Federico Mayor Zaragoza también tuvo un papel clave?

Federico, exdirector general de la Unesco, fue un apoyo esencial. Cuando un primer dossier de la candidatura recibió un informe negativo, facilitó una reunión con el presidente del Icomos y nos recomendó preparar otro. Tuvimos la suerte de contar con un evaluador francés que conocía y valoraba La Vall de Boí, y elaboró un informe favorable. Federico es uno de los grandes maestros que he tenido, junto con Perelada.

¿La candidatura de la Seu Vella es un imposible a día de hoy?

No diría imposible, pero es muy complicada. Ya existen otros monumentos significativos y Madrid actúa como un muro. La competencia y la burocracia lo hacen difícil.

¿Es más sencilla la de los vestidos de papel de Mollerussa?

Tampoco. El patrimonio inmaterial está colapsado, como pasó con La Patum de Berga hace 20 años. Los vestidos de papel son arte y oficio. Hemos trabajado con Portugal para reforzar la candidatura, pero es un proceso largo.

¿Trabaja actualmente en algún otro proyecto Unesco?

Sí, hemos presentado las alfombras de flores, un proyecto multinacional junto a otros cinco países, que confiamos sea patrimonio inmaterial en un par de años. Hemos iniciado la de la Dansa de la Mort de Verges con el apoyo de la Generalitat.

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