ARTE
Repique de campanas, nervios, cava y chocolate caliente para celebrar el hito
Decenas de vecinos pasaron la noche del 30 de noviembre del 2000 en Ca la Pepa esperando el veredicto. La noticia desencadenó una explosión de alegría que los campanarios recuerdan cada año

Ca la Pepa vivió una noche inolvidable. - PEPA TURRÓ
La madrugada del 30 de noviembre de hace 25 años, La Vall de Boí no durmió. La tensión se podía percibir en el aire. En el bar de Ca la Pepa, que regentaba Pepa Turró, el único abierto en Boí, decenas de vecinos esperaban impacientes la decisión del Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco, reunido en Cairns, Australia.
Se jugaban el reconocimiento internacional de su tesoro más preciado: las iglesias románicas. “El que fuera alcalde Joan Perelada me llamó y me preguntó si podían venir unos cuantos a esperar la declaración”, recuerda hoy Turró. “Lo que empezó con cuatro personas acabó siendo una multitud. Había nervios, cansancio, pero ningunas ganas de irse a dormir”.
Mientras en Boí hacía un frío que cortaba la respiración, al otro lado del mundo se debatía, en francés, el destino del conjunto románico. El entonces párroco, Pere Cañada, traducía a través de un manos libres cada frase que llegaba desde la sesión. La candidatura del románico fue una de las últimas en presentarse al plenario, con un retraso que llevó los nervios al límite. Pero a las siete de la mañana, hora local, llegó el veredicto.
“Fue una explosión de abrazos, risas y lágrimas”, evoca Turró, aún emocionada. Los vecinos salieron a la calle y, casi de inmediato, todas las campanas del valle empezaron a repicar al unísono. Una sinfonía de bronce celebraba el final de una espera de casi mil años, desde que se levantaron los templos. Es cuando los vecinos improvisaron una fotografía grupal frente a la iglesia del pueblo descorchando cava para inmortalizar el momento. El periodista Jep de Moner, que retransmitió la noticia en directo por radio, recuerda la emoción reflejada en los ojos del rector Cañada. “Era como si hubiera visto a nostro senyor. Exclamaba que era un milagro”, recuerda. La jornada se prolongó con una euforia indescriptible.
El entonces alcalde de La Vall de Boí, Joan Perelada, que fue uno de los principales impulsores de la candidatura y que falleció en 2021, declaró entonces a SEGRE que “ha sido una noche de infarto, pero el sufrimiento ha tenido su recompensa”.