Un santuario glaciar: Ubicado a 2.100 metros de altitud, alberga 64 especies de flora y fauna pero también peces invasores como el piscardo
La CHE elige el Estany Negre de Boí para sentar las bases del estudio holístico de los lagos en la cuenca del Ebro

El Estany Negre está en la cabecera de la Noguera de Tor. - MITECO
Se trata de establecer criterios para reunir e integrar el conocimiento hidrológico y ambiental. Es un ensayo para establecer la metodología”, explica Miguel Ángel García Vera, responsable de la Oficina de Planificación de la CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro), que va a testar en el Estany Negre de Boí y la Laguna de Urbión, en Soria, el estudio de los lagos.
“Aplicaremos un método holístico”, anticipó el hidrólogo Manuel Arce, que colabora con la consultora Idom en el trabajo, ante la escasez de datos sobre el régimen natural del lago, en la presentación de la iniciativa. “Es un reto integrar los datos hidrológicos y los ambientales”, anotó Óscar Ruiz, de Idom, que adelantó el uso de sistemas de teledetección como los del satélite Copernicus para conocer las dinámicas de la laguna.
El Llac Negre, una reserva natural lacustre del Parc d’Aigüestortes, está a 2.130 metros de altitud en la cabecera del Noguera de Tor. Es el último lago de la cadena que vierte al embalse de Cavallers la aportacion de una cuenca glaciar de casi 1.300 ha. Ocupa 9,81 ha, mide 692 metros de largo y alcanza profundidades de 35 metros.
El ecosistema tiene, por la calidad de sus aguas, una densa presencia de especies de flora y fauna: los trabajos de campo han censado 26 macrófitos, que son el grueso de una población vegetal que va cambiando conforme discurre el año y que incluye ejemplares de plantas carnívoras como la violeta de agua, 14 microcrustáceos acuáticos y 24 macroinvertebrados.
El lago debe su nombre a la transparencia de sus aguas y a la baja presencia (ahora creciente) de materia orgánica en su cauce, algo que, aunque sí alberga algas y fitoplacton, le acarrea la catalogación de oligotrófico, si bien “la transparencia se está perdiendo”, advirtió Ruiz.
En cualquier caso, ni su ubicación en un confín del Pirineo ni su desapacible meteorología, con 134 días de precipitación al año, 53 de ellos de nieve, y una media de cuatro meses bajo un manto nival, resultan suficientes para librar de profanaciones a este santuario ecológico. Así, solo hay dos especies de peces en sus aguas, la trucha y el piscardo o foxino, y ambas son invasoras en ese espacio y han llegado tras ser introducidas por la acción humana. Con ellas conviven anfibios y mamíferos endémicos del Pirineo como el tritón y el desmán.
“Da la impresión de que hay mucha gente”, apuntó Ruiz, que señaló a la actividad ganadera en sus inmediciones y a la turística en un refugio cercano como posibles orígenes del aumento de nutrientes. Y preocupa el aumento de actividades no autorizadas en el parque, con 108 denuncias el año pasado por pernoctas, acampadas, circulación de vehículos, pesca, fuegos y baños no autorizados.