De funcionario de Telefónica a guardián de la memoria de los pastores del Pirineo de Lleida
Eduardo Marín, artesano de Peramea, ha recuperado la indumentaria histórica de este oficio

Eduardo Marín, adobant una peça de pell sobre una roca amb la mateixa pedra que li va regalar un pastor de Llessui. - EDGAR ALDANA
Eduardo Marín llegó a Peramea hace 22 años. En este pueblo del municipio del Baix Pallars ha completado un cambio de vida absoluto que arrancó en 1992 en Barcelona. “Era funcionario de Telefónica. Hacía de telefonista, pero vi que aquello no era mi inquietud y lo dejé todo”.
Viendo el resultado de su aventura, se puede decir que este pallarés de adopción acertó de lleno. Hoy es maestro artesano en marroquinería reconocido por la Generalitat, y esta misma semana ha sido galardonado con el Premi Nacional d’Artesania por su tarea en la recuperación de la indumentaria histórica de los pastores del Pallars y de la Alta Ribagorça.
“Nunca me he arrepentido. Quería vivir en el mundo rural, trabajar la tierra y dedicarme a la artesanía”, explica, “aunque en aquella época no sabía nada de artesanía ni de cómo cuidar la tierra”, por lo que sus comienzos fueron totalmente autodidactas. “En aquella época había muy pocos libros editados, pero mirando escaparates conocí a un zapatero que durante seis meses me dio muchas nociones sobre cómo trabajar el cuero. No he tenido más maestros”.
“Me gustaba muchísimo el cuero, y desde entonces no he parado”, cuenta Marín desde su taller, en el que crea piezas cosidas a mano. “Vivo muy en contacto con la naturaleza, y cuando diseño siempre me fijo en sus formas: mirar un árbol, un pimiento o un tomate de mi huerto. Todo eso para mí es la artesanía máxima, y esa es mi inspiración absoluta”.
La trayectoria de Eduardo Marín, sin embargo, no sería la misma sin el encargo que en 2009 le hizo el Obrador Xisqueta para recuperar la mochila que los pastores del Pirineo usaban mientras trabajaban. “Entonces me fui a ver a un pastor de Llessui que ya tenía 80 años, y él me transmitió el conocimiento” para reproducir una mochila como las que los pastores fabricaban con sus propias manos.
“Me di cuenta de que me había transmitido algo grande”, narra Marín, que a partir de ese momento inició un proceso de investigación etnológica que le hizo ver que muchas de las piezas de la indumentaria histórica de los pastores “ya no existían. Solo había fotografías”. Fue a partir de entonces cuando empezó a recorrer museos para descubrir qué piezas “de las que veía en las fotos” todavía existían. “Hace quince años que lo hago”, añade.
Este esfuerzo personal recibió un espaldarazo definitivo cuando el proyecto llegó al Ecomuseu de las Valls d’Àneu y al Parc Nacional d’Aigüestortes y Estany de Sant Maurici y su museo de los pastores de la Vall d’Àssua. “Sin ellos no habría podido hacerlo”, cuenta. Hoy ya ha reproducido buena parte de la vestimenta de los pastores, aunque su tarea sigue en marcha recuperando piezas de hace 200 años. “Era algo que estaba condenado a desaparecer, pero ahora vuelve a estar en los museos”, explica satisfecho.