REPORTAJE
El alto precio de Cal Macià: ahora piden más de 250.000 euros o terrenos a cambio de la casa en ruinas
Tentativas de compra del ayuntamiento de Alcarràs han fracasado y ahora piden más de 250.000 euros o terrenos a cambio de la casa en ruinas. Cultura exige obras al dueño y Fiscalía investiga si las administraciones incumplieron el deber de proteger el edificio

Francesc Macià paseando a caballo por la finca de Vallmanya (izquierda) y descansando en ella con miembros de su familia (derecha).
Diferentes tentativas del ayuntamiento de Alcarràs para comprar Cal Macià, la residencia de la familia del president Francesc Macià en Vallmanya, se han sucedido sin éxito durante más de dos décadas. A principios de siglo ofreció 3,6 millones de euros a los herederos de Macià por la finca de casi 200 hectáreas donde se alza la casa, pero estos la vendieron a su actual propietario, un empresario agrícola de Almacelles. En 2019, el gobierno local firmó un preacuerdo para comprar el edificio por 120.000 euros, pero la operación no llegó a buen puerto. Siete años después, el dueño pide una cantidad muy superior, que fuentes próximas a la negociación cifran en más de 250.000 euros. Puede tener un alto precio, y no solo en términos de dinero: la Fiscalía investiga si el consistorio y Cultura han incumplido su deber de conservar el inmueble, declarado bien cultural de interés nacional (BCIN) en 2025 y en un estado ruinoso tras décadas de abandono.
En los años 90, la adquisición de Cal Macià por parte del ayuntamiento parecía solo cuestión de tiempo. El entonces alcalde, Gerard Serra (CiU), mantenía contacto con el matrimonio formado por Teresa Peirí Macià, nieta del president, y Pere Pi-Sunyer i Bayo, exconseller de la Generalitat. Este administraba las tierras de Vallmanya, arrendadas a una forrajera, y repartía los ingresos entre los herederos de Macià. “Acordamos que, si decidían vender la finca, la ofrecerían al ayuntamiento”, explicó Serra.
Sin embargo, el plan se torció al morir Pi-Sunyer en 2001. Otro nieto del president, Antoni Peyrí, vendió la finca a su actual propietario pese a que el ayuntamiento propuso mejorar su oferta de 3,6 millones. Es una cifra exorbitante para un pueblo cuyo presupuesto actual es de 11 millones, pero el consistorio planeaba quedarse solo la casa como museo y vender o arrendar el suelo cultivable.
El siguiente intento de compra llegó en 2019, con un preacuerdo firmado por el alcalde Miquel Serra (ERC) que no se ejecutó. Tras las elecciones de ese año el gobierno pasó a manos de Junts y Sempre Alcarràs, que rechazaron adquirir en solitario la casa: suponía asumir la responsabilidad de un edificio en ruinas cuya rehabilitación exigía una inversión millonaria.
Esta decisión chocó con protestas de vecinos y entidades culturales. La reivindicación de rescatar la casa había tomado impulso en los últimos años y cristalizó en la plataforma Salvem Cal Macià. Esta se movilizó para que la Generalitat la declarara BCIN, tras una primera resolución en contra, y para introducir su recuperación en la agenda política leridana.
La Generalitat y la Diputación ofrecieron 920.000 euros al ayuntamiento en 2023 para comprar la casa y rehabilitarla, pero nada de esto sucedió. Fuentes próximas a la negociación lo atribuyen a que la propiedad ya no acepta venderla en los términos de 2019. Apuntan a que ahora pide más de 250.000 euros y que hay una posible permuta de terrenos sobre la mesa.
El propietario ha desoído hasta ahora los requerimientos del ayuntamiento para hacer obras de urgencia en la casa y ahora ha recibido otro de Cultura. Mientras las dos administraciones defienden su actuación, la plataforma las denunció a Fiscalía al creer que es una “cortina de humo” mientras eluden expropiar Cal Macià o hacer obras en ella de forma subsidiaria.