HIDROLOGÍA
El mayor deshielo del siglo en el Pirineo de Lleida deja agua para llenar 5 veces el pantano de Rialb
La nieve del invierno genera 1.726 hm3 en el Segre y sus afluentes y 440 en el Garona. Rialb lleva un mes lleno y Canelles enfila el quinto pleno de toda su historia

La nieve cayó con intensidad el pasado invierno en Lleida. - SEGRE
El mayor deshielo del siglo XXI ha aportado desde el Pirineo de Lleida un volumen de agua que quintuplica con creces la capacidad del embalse de Rialb, que desde hace más de un mes presenta un llenado superior al 95%, y para colmar tres, también de sobra, el de Canelles, que supera el 85% y que se encamina al quinto lleno total de su historia.
“Este año se han generado acumulaciones de nieve excepcionales, superiores en un 40% a los valores medios”, explica María Luisa Moreno, responsable del área de Hidrología de la CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro), quien anota que “el acumulado máximo de febrero prácticamente duplicaba el que resultaría normal para esas fechas” al alcanzar los 1.100 hm3 de agua en forma de nieve.
Ese pico de nieve, que empezó a caer con fuerza a comienzos de diciembre cuando solía retrasarse a enero, llegó dos meses antes de lo habitual. “Hasta mitad de enero, en un mes, hubo hasta siete tormentas con nombre que trajeron precipitaciones copiosas que en el Pirineo tuvieron forma de nieve”, señala. “En febrero comenzó un descenso paulatino de la nieve que a partir de abril se convirtió en brusco por las altas temperaturas”, añade.
Ese proceso ha dejado, entre el 1 de octubre y el 31 de mayo, unas aportaciones que suman 840 hm3 en la cabecera del Pallaresa, 625 en la del Segre y 261,9 en la del Ribagorçana. Eso suma 1.726 hm3 en la vertiente sur del Pirineo, a los que se añaden los 440,5 que ha recibido el Garona por la norte.
Esos volúmenes resultan, no obstante, inferiores a los registrados en el mismo periodo del anterior año hidrológico, aunque entonces no se debió únicamente al deshielo sino a las copiosas lluvias del invierno y la primavera. Ahora, en cambio, las aportaciones del deshielo han llegado sin el acompañamiento de la lluvia en su práctica totalidad, Y “eso ha evitado que hubiera crecidas y tener que laminar los caudales”, anota. No obstante, sí ha habido vertidos en los embalses del Segre y el Pallaresa por falta de capacidad.
En algunas subcuencas las aportaciones del deshielo han superado a las del año pasado, caso del Segre y el Valira, con registros unos 150 hm3 superiores este año; el Pallaresa, con una diferencia de en torno a 70, y el Garona, con un crecimiento de en torno a 60. La reducción ronda los 100 hm3 en el Ribagorçana y se acerca a los 350 en el Ésera.
“No toda la nieve que cae en la montaña se convierte en agua. El suelo no es impermeable y hay una parte que se filtra, va a los acuíferos y después aparece en las fuentes, y otra parte que se sublima y pasa directamente de sólida a gaseosa”, explica la jefa de Hidrología de la CHE. “Un año de nieve como este hace que fluya mucha agua hacia los sistemas, y va a seguir fluyendo en los acuíferos”, apunta.
Por otro lado, la CHE advirtió del riesgo de crecidas en barrancos y ríos por las tormentas, que ayer descargaban en el Pirineo y Les Garrigues.