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La leyenda de El Coyote cumple 80 años: uno de los bares más emblemáticos del Pirineo
Sus responsables relevaron a sus padres, que adquirieron el negocio a principios de los setenta

Els responsables del local posen amb un dibuix del Coyote firmat per Ermengol. - EDGAR ALDANA
Un negocio familiar conlleva riesgo, sacrificio y a menudo, muchas horas. Por eso, celebrar 80 años de historia está más que justificado. En el bar El Coyote de Sort, abierto en 1946, no tienen previsto por ahora ningún acto conmemorativo. “Tenemos mucho trabajo”, explica una de sus responsables, Loli Manrique, que regenta este emblemático local ubicado en el centro de la capital del Sobirà con su hermano Josep Antoni.
Los dos tomaron el testigo de sus padres, José y Encarna, a finales de los 90. Pero tanto ellos como sus otros tres hermanos ya tenían experiencia “echando una mano todos los veranos y en las fiestas mayores”, cuenta Loli. Sus progenitores y el hermano mayor de José, Rafael, adquirieron el negocio a principios de los años 70 tras viajar, unos años antes, de Las Alpujarras (Granada) hasta el Pirineo para trabajar. Y lo modernizaron. “Todo el mundo conoce los callos del Coyote o nuestro bacalao. O los calamares y las patas de calamar de los domingos. Eso lo trajeron mis padres. Aquí no se hacía en ningún sitio”, narra Manrique. “El Coyote es un punto de encuentro el día de mercado o de feria. El sitio donde hacer el vermú los domingos e incluso el día de Navidad”, añade la responsable del local, que no quiere olvidarse de otro de sus tíos, Pedro, “que también trabajó codo con codo con mis padres durante muchos años”.
La leyenda del nombre del bar, sin embargo, es anterior a la llegada de la familia Manrique al Sobirà. Enric Solé y Maria Pon, naturales del Pallars, abrieron el Bar Esport en el mismo lugar. “Eso es lo que cuentan”, explica Manrique, que incluye que la afición del primer dueño por la novelas de El Coyote, un justiciero creado por José Mallorquí a principios de los 40 que protegía a los débiles frente a los abusos de los poderosos, hizo que los parroquianos de la época rebautizaran el local. La insistencia de los clientes acabó convenciendo al propietario que, sin saberlo, puso nombre a un bar que es historia de Sort.