‘Acracia’, la cabecera que situó la ciudad en el mapa del debate libertario
Lorenzo Páramo primero impulsó el órgano de expresión de la CNT y después confió su dirección a José Peirats desde la alcaldía

El periodista José Peirats como corresponsal del periódico en Puigcerdà. - FONS AJUNTAMENT DE LLEIDA / ARXIU MUNICIPAL DE LLEIDA
Mientras Félix Lorenzo Páramo dirigía la transformación de Lleida desde la alcaldía, también quiso dotar a la revolución de una voz propia. El instrumento elegido fue Acracia, el periódico de la CNT leridana, nacido en septiembre de 1933 y convertido, bajo la dirección de José Peirats, en una de las grandes tribunas del pensamiento anarquista durante la Guerra Civil. Obrero autodidacta nacido en la Vall d’Uixó en 1908, Peirats había trabajado como ladrillero, vidriero, panadero y alpargatero en Barcelona antes de destacar como periodista y propagandista de la CNT. Militante anarcosindicalista desde 1922, había participado en las insurrecciones libertarias de los años treinta, dirigido publicaciones clandestinas de la FAI y formado parte de la redacción de Solidaridad Obrera. Alrededor del periódico reunió un equipo excepcional formado por Felipe Aláiz, Pedro Panés, Ramon Bou, Manuel Magro, Vicente Rodríguez García Virgoya, el pintor Antoni García Lamolla y otros colaboradores.
Desde sus páginas se defendió una idea de revolución muy distinta de la que acabó imponiéndose durante la guerra. Mientras otras publicaciones priorizaban la disciplina militar y la subordinación a las instituciones republicanas, Acracia insistía en que la revolución no podía renunciar a sus principios. Sus editoriales reclamaban la construcción del ‘municipio libre’, defendían la autonomía de los sindicatos frente al Estado y denunciaban que la creciente burocracia amenazaba con sustituir la iniciativa popular.
Las críticas aparecieron muy pronto. El periódico censuró que los intereses partidistas estuvieran sustituyendo el interés colectivo y denunció la duplicación de servicios creada por las distintas organizaciones revolucionarias. Una de sus posiciones más sorprendentes fue el rechazo a la violencia indiscriminada. En noviembre de 1936 reclamó la supresión de la pena de muerte, cuando las ejecuciones todavía eran habituales en la retaguardia republicana, y defendió que la nueva sociedad no podía construirse sobre la venganza, sino sobre principios de justicia y humanidad. También publicó el discurso íntegro pronunciado por Buenaventura Durruti en Bujaraloz, distinto de la versión difundida por otros periódicos de la CNT, y cuestionó la participación de dirigentes libertarios en los gobiernos republicanos. Aquella línea editorial convirtió a Acracia en una referencia para el sector más crítico del anarcosindicalismo. La experiencia de Peirats al frente de Acracia terminó en el verano de 1937. Presionado por la dirección de la CNT, que llegó a amenazar con retirar el suministro de papel al periódico, abandonó la cabecera y regresó a Barcelona. En sus memorias recordaría aquella salida como un desenlace “ignominioso y decepcionante”, marcado además por el distanciamiento de Félix Lorenzo Páramo.