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Muere la pintora, grabadora y escultora Teresa Vall Palou

Pintora, grabadora y escultora, deja detrás suyo una trayectoria de más de tres décadas. De carácter discreto, destacaba que “lo más bonito es probar nuevos lenguajes”

La artista leridana Teresa Vall Palou, ayer junto a algunas de sus obras en su nueva exposición.

Anna Sàez

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La artista leridana Teresa Vall Palou ha muerto a los 75 años, según confirmaron anoche fuentes de la Fundación Vall Palou. Pintora, grabadora, escultora y una de las creadoras más destacadas del panorama artístico leridano y catalán, deja detrás suyo una trayectoria de más de tres décadas marcada por la experimentación y la búsqueda constante de nuevos lenguajes plásticos. Nacida en Lleida en 1951, Vall Palou desarrolló una obra personal e inconfundible dentro de la abstracción contemporánea. Estudió a la Escuela de Bellas Artes de Lleida, aunque muy pronto decidió alejarse de los planteamientos académicos para construir un lenguaje propio basado en la materia, el gesto, el color y las texturas. La investigación la llevó a transitar por disciplinas tan diversas como la cerámica, la escultura, el grabado, la pintura, las artes gráficas e incluso la fotografía. El grabado fue una de las técnicas que más influyeron en la evolución de su pintura, caracterizada por la fuerza expresiva conseguida con los mínimos recursos. Su producción artística giró en torno a la naturaleza, la biología y las emociones humanas, con composiciones de gran intensidad en que el trazo y la materia adquirían un especial protagonismo. La experimentación fue siempre su principal seña de identidad. Ella misma explicaba que los cambios en su trayectoria no respondían a una decisión premeditada, sino a una necesidad interior. No es que te plantees cambiar, sino que surge. Tú mismo te vas cansando. No tendría sentido hacer siempre lo mismo. Lo más bonito es probar nuevos lenguajes, aunque a veces te equivoques o no lo resuelvas tan bien como querrías. Lo que está claro es que si no trabajas difícilmente progresarás”, afirmaba.

De carácter discreto y alejada del protagonismo, los que la conocieron destacaban su honestidad intelectual y su convencimiento de que tenía que ser la obra, y no el artista, la que hablara por sí sola. Esta manera de entender el arte la llevó a reinventarse continuamente a lo largo de su carrera. El 2009 abrió la Fundación Vall Palou a Pardinyes, que pronto se convirtió en un referente cultural en el cual colaboraron desde poetas como Jaume Pont hasta artistas como Joan Fontcuberta.

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