Tras los pasos de Kilian: Júlia Nadal, de Solsona, conquista el Mont Blanc, el techo de los Alpes, con tan solo 10 años
Tiene a Jornet como referente porque “empezó de pequeño y le apasionaba la montaña como yo”

Pese a su corta edad, la joven alpinista de Solsona tuvo que salvar zonas de dificultad muy alta.
Con apenas diez años, Júlia Nadal Fernández ha firmado una ascensión al alcance de muy pocos. La joven alpinista de Solsona ha alcanzado la cima del Mont Blanc (4.805 metros), el techo de los Alpes, completando la travesía por la vertiente italiana, una ruta más técnica y exigente que la habitual. Un logro excepcional para cualquier montañero y todavía más para una niña de su edad, que afrontó el reto tras una preparación específica junto a su padre, Albert Nadal, experimentado alpinista y director de la estación de esquí nórdico de Tuixent-La Vansa.
La aventura no nació de una idea improvisada, sino de un sueño que fue tomando forma después de hollar su primer cuatro mil. “El año pasado hicimos el Gran Paradiso (Alpes) y entonces fue ella quien dijo que al año siguiente quería subir el Mont Blanc”, señala Albert Nadal, que reconoce que le pilló por sorpresa. “Mi primera reacción fue de respeto. Yo ya había subido el Mont Blanc y sabía que ya eran palabras mayores. Pero también había visto lo bien que había respondido en el Gran Paradiso y decidimos intentarlo”, explica.
Durante meses encadenaron ascensiones a numerosos tresmiles del Pirineo, largas jornadas sobre nieve y hielo y prácticas de progresión con crampones y piolet. Además, pocos días antes del objetivo principal realizaron una ascensión de aclimatación al Dôme de Neige des Écrins, otro cuatro mil alpino. “Llegamos muy bien preparados y no tuvimos ningún problema con el mal de altura”, destaca el padre. El día D comenzó en el refugio Gonella, desde donde emprendieron el ataque a la cima de madrugada y completaron una jornada de unas dieciséis horas entre el ascenso y el descenso hasta Chamonix. Para Albert, la capacidad de resistencia de su hija fue lo más sorprendente. “Lo que más impresiona es el aguante que tiene. El segundo día fueron unas siete horas de subida con cerca de 1.800 metros de desnivel. Es una jornada muy dura incluso para un adulto. Ella tiene algún bajón porque necesita comer con más frecuencia, pero cinco minutos después vuelve a estar perfectamente”, explica.
La propia Júlia reconoce que no fue un camino sencillo y que durante la subida sufrió varios momentos de debilidad. “Hubo algunas veces que me dio una pájara y tenía que comer más”, recuerda con naturalidad. Sin embargo, la satisfacción al alcanzar la cima compensó todo el esfuerzo. “La experiencia fue muy bonita y me puse muy contenta cuando llegué arriba porque no me imaginaba que lo conseguiría”, asegura.
Su pasión por la montaña comenzó desde muy pequeña y tiene un claro referente: Kilian Jornet, el deportista leridano considerado una de las grandes figuras mundiales del alpinismo y las carreras de montaña. Júlia reconoce que le gustaría seguir sus pasos porque se siente identificada con él. “Me gusta porque empezó de pequeño como yo y le gustaba mucho la montaña”, explica. Su padre recuerda que esa admiración viene de lejos. Cuando Júlia coronó el Aneto con solo 7 años, Jornet la felicitó a través de las redes sociales y le envió un recuerdo firmado que la pequeña conserva como uno de sus mayores tesoros. “Para ella es un gran referente”, asegura Albert.