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Curso de mercenarios en Irak de la ‘Blackwater pobre’ de Lleida

GOA ofrece formación de contratistas y vende drones y blindados desde China

Imatge d’una activitat de formació de personal de GOA Tactical amb armament.

Imatge d’una activitat de formació de personal de GOA Tactical amb armament.

Publicado por
FERRAN BARBER

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A la empresa leridana GOA Tactical Industries se la conoce en España sobre todo por el escándalo internacional que provocó hace ahora tres años al lanzar una campaña de reclutamiento de combatientes para Ucrania. «Buscamos 200 operadores», proclamaba sobre una fotografía de un hombre corpulento flanqueado por dos escudos ucranianos.

Prometía tres años de contrato con el Ministerio de Defensa de Kiev, 2.800 € mensuales y la posibilidad de ingresar en las unidades de élite de la inteligencia militar, el GUR, por 3.400 €. Pero ese anzuelo económico no era un salario fijo sino el techo de una nómina variable que solo podía alcanzarse acumulando suficientes días en la zona roja y participando directamente en operaciones de combate.

Lo más habitual es percibir mil euros, que a menudo los soldados tienen que gastar íntegramente en adquirir comida o pagar de su bolsillo su propia ropa térmica, placas balísticas decentes, botiquines, visores, radios o cualquier otra pieza del equipamiento que marque la diferencia entre regresar entero de una misión o acabar muerto y, literalmente, mordisqueado por las ratas de los campos de batalla del Donetsk, como, de hecho, le sucedió a Miguel Ortiz Lavín, alias El Abuelo, cántabro, de 43 años, y alumno de la primera promoción del curso que la sociedad leridana organizaba en Binéfar. Dos años y medio después de su muerte, aún no se ha recuperado su cuerpo. Claro que esa es otra historia.

La campaña de GOA parecía mucho menos el anuncio de una de esas academias de formación de militares y policías que la convocatoria de una leva en toda regla. Saltó a la prensa, cruzó las fronteras españolas y acabó convertida por Sputnik y otros medios rusos de desinformación en la prueba de que España estaba reclutando mercenarios para combatir contra el Ejército del Kremlin.

Fue entonces cuando el administrador único de GOA, el barcelonés Sisco Galván, comenzó a echar el freno. Ya no reclutaba “operadores militares” o “contratistas” que es como se conoce ahora a los antes llamados “mercenarios”; se limitaba a formarlos. Ya no ofrecía contratos para combatir; solo facilitaba los contactos.

Cuando creó su sociedad se refería a ella habitualmente como una academia de formación militar y policial. Ahora ha elevado el listón y la describe como una PMC o compañía militar privada, que es precisamente la etiqueta comercial con la que prestaron sus servicios mercenarios la Blackwater en Irak y Afganistán, Executive Outcomes en Angola y Sierra Leona, STTEP en Nigeria o Bancroft en Somalia.

«Lo que más se demanda ahora mismo es seguridad», dice el barcelonés. «GOA ha ofrecido durante muchos años labores de formación militar y a policías de todos los cuerpos del estado, pero también actúa como una compañía militar privada (PMC). La diferencia con Blackwater es que ellos son ricos y nosotros, pobres. Por supuesto, conocemos muy bien dónde está la línea roja».

Una sociedad española no puede levantar en territorio nacional una unidad armada para ponerla al servicio de una guerra ajena, pero sí puede formar personal, asesorar clientes o intermediar para que esos profesionales sean contratados después en otros países. Una vez allí, entran en juego legislaciones locales más permisivas.

En Oriente Medio, dice Galván, «GOA ha proporcionado guardaespaldas y servicios de seguridad a empresarios y ha participado junto a fuerzas gubernamentales en la protección de centrales eléctricas, campos petrolíferos y edificios ministeriales».

GOA Tactical ha trabajado también para las autoridades y las fuerzas armadas de países como Nigeria en operaciones relacionadas con la lucha contra Boko Haram. «Y no solo impartiendo formación, sino proporcionando operadores y jefes de equipo en convoyes armados», asegura.

Hace unos días, la compañía leridana de seguridad comenzó incluso a promocionar un curso de formación de mercenarios en Irak que se celebrará del 7 al 16 de noviembre de 2026. Las clases de «contratista militar privado» costarán 2.575 euros y serán impartidas por antiguos miembros de unidades de operaciones especiales y combatientes con experiencia real. El paquete incluye la promesa de acercar a sus alumnos a quienes contratan hombres para trabajar en escenarios de alto riesgo.

Buena parte de quienes acuden a los cursos que GOA imparte en Lleida, Binéfar u otras ciudades españolas son policías, militares en activo o fuera de servicio, vigilantes, escoltas, frikis de las armas y civiles atraídos por el mundo de las operaciones especiales. No lo hacen enviados oficialmente por sus cuerpos, sino a título particular y pagando de su bolsillo una instrucción que mezcla tiro, protección de personalidades, defensa personal, conducción de convoyes y técnicas importadas de academias israelíes, brasileñas y estadounidenses.

Ese modelo ya colocó a Galván en el centro de una controversia en 2018, cuando GOA organizó en Río de Janeiro nueve días de entrenamiento junto al BOPE, la unidad militarizada de la policía brasileña, célebre por sus incursiones en las favelas y denunciada repetidamente por organizaciones de derechos humanos. Tal y como dio a conocer una investigación de La Directa, entre los 21 alumnos había seis mossos d’esquadra, seis miembros del Ejército de Tierra, un infante de Marina, policías locales, ertzainas, un policía nacional, un agente de Vigilancia Aduanera y otro de la Guardia Urbana de Barcelona.

Más recientemente, GOA ha añadido a su negocio la venta de material de defensa y de doble uso. La firma se presenta como representante exclusivo en Europa de una línea de UAV militares de fabricación china y turca que comercializa desde una oficina abierta en Shenzhen, el gran polo tecnológico situado en el sur de China. Su catálogo no termina en los drones: también ofrece entre otras cosas equipaciones, vehículos blindados y carros de combate para clientes extranjeros. La compañía sostiene que actúa como intermediaria y que cada una de sus operaciones queda sometida a licitaciones, licencias de exportación y autorizaciones gubernamentales.

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