EXPERIENCIAS
Una empresa de Lleida ofrece visitar el feudo africano de un ladrón de bancos
Robó ‘goyas’, ‘sorollas’ y ‘brueghels’ en el ático de Esther Koplowitz y vive en Kenia

Jon Imanol Sapieha, ‘el Sapo’, a Ol Pejeta (Kènia).
Una empresa de Lleida que gestiona un campo de entrenamiento de mercenarios en Binéfar, del que han salido soldados de fortuna hacia Ucrania, comercializa una visita a la guarida africana del atracador de bancos Jon Imanol Sapieha, que en 2001 robó goyas, sorollas y brueghels en el ático de Esther Koplowitz.
La academia privada leridana de formación militar y policial GOA Tactical Industries abrió hace dos semanas la inscripción para lo que su propietario, el barcelonés Sisco Galván, ha descrito en sus anuncios promocionales como una experiencia de diez días en Kenia «de lujo, aventura y salvajismo».
Cuesta 12.500 euros por persona —sin incluir el coste de los vuelos internacionales— y solo admite diez reservas. A cambio, GOA promete trasladar a los participantes en un Cessna Caravan desde Nairobi hasta una finca privada de Nanyuki, hacerles volar a baja altura en helicóptero, conducir motos KTM y todoterrenos Defender, montar caballos árabes, saltar en paracaídas o bucear en el océano Índico.
El programa alterna el lujo de habitaciones de cinco estrellas con el glamour de lo que describen literalmente en su promoción como «noches bajo una lona escuchando los pedos de tu compañero de selva» entre rinocerontes y disparos, en la sabana africana.
Lo que el anuncio no revela de manera explícita es que quien aguarda al final del viaje —el dueño de las tierras y de parte de la infraestructura y la logística que involucra la oferta— es Jon Imanol Sapieha, alias El Sapo.
Ese mismo paquete que GOA publicita desde Lleida como «una experiencia que te va a cambiar la vida» es ofrecido como “Jon Sapieha Africa Expedition” en los perfiles sociales de Skydive Rhino Kenya Ltd desde los que el bandido reconvertido en vendedor de oro lleva años difundiendo sus servicios de aventuras africanas.
Para quienes no estén familiarizados con su historia, basta decir que Sapieha es solo uno de los muchos apellidos utilizados por uno de los delincuentes hispanofranceses más prolíficos, escurridizos, novelescos y dañinos de la historia de la península ibérica. A sus 63 años, acumula en su currículo butrones, cajas fuertes reventadas, identidades falsas, fugas y cientos de negocios turbios. Dice de sí mismo que sus amigos lo conocen como “el inmortal” porque su cuerpo está literalmente cosido a cicatrices de balazos.
Claro que el golpe que lo convirtió en leyenda fue el robo, en agosto de 2001, de una parte de la colección de obras de arte de Esther Koplowitz: una selección de cuadros de Goya, Sorolla, Juan Gris, Pissarro o Brueghel arrancados del ático madrileño de la empresaria.
Su biografía ha dado desde entonces para miles de páginas de periódico, un libro escrito por él mismo y una docuserie de cuatro capítulos, Sapo SA Memorias de un ladrón, estrenada en Prime Video.
Hace solo unas semanas, el CEO de GOA, Sisco Galván, anticipó a este periodista que proyectaba «reunirse pronto con El Sapo en Lleida» para cerrar los detalles de una colaboración entre ambos y organizar un curso, impartido por el propio Sapieha, sobre técnicas de lucha contra el furtivismo o “anti-poaching”.
Y no era la primera vez que anunciaban algo parecido. A comienzos de febrero de 2025, fue el propio Sapieha quien publicó en su cuenta de Instagram un vídeo grabado en la sabana junto a la anotación: «Curso de antifurtivismo en Kenya colaborando con GOA Tactical».
Aquel curso no llegó a impartirse, pero en su lugar han ofrecido esta aventura en la extravagante zona de confort del antiguo atracador de bancos.
Casi todos los elementos del anuncio remiten a su vida cotidiana: la finca de Nanyuki, los caballos árabes, los todoterrenos, los helicópteros, los rinocerontes y un hombre fotografiado de espaldas junto a un Land Rover con una camiseta serigrafiada con el lema Fuck poachers (jode furtivos).
En el gran territorio de Ol Pejeta, una reserva natural en la region keniata de Laikipia, Sapieha dice ser el dueño de 12.000 acres (casi 4.900 hectáreas) de una propiedad mayor que ronda los 90.000 y que fue, en otro tiempo, el rancho africano de Adnan Khashoggi, el traficante de armas saudí que vivía, al igual que El Sapo ahora, como si el dinero hubiera abolido la moral y las fronteras. “Solo yo pongo mis normas”, acostumbra a repetir el veterano de la Marina francesa, descendiente por la vía materna de la aristocracia de Polonia.
Aunque en sus redes suele presentarse como un “excriminal” sin cuentas pendientes con España y Francia, sigue siendo un habitual de los juzgados de Kenia. En febrero de 2025, la Dirección de Investigaciones Criminales de ese país lo acusó de haber estafado 120.000 dólares a un ciudadano de origen rumano y otro suizo en una operación para comprar 550 kilos de oro. Él se declaró inocente. “Son acusaciones fabricadas”, indicó a este diario.
Los agentes de la Policía de aquel país africano lo habían localizado dos días antes en una casa de una urbanización residencial levantada dentro del perímetro de Ol Pejeta, donde hallaron dos pistolas Glock, 96 cartuchos, esposas y seis licencias mineras caducadas.
El agente encargado de dirigir las investigaciones del caso declaró que había recibido amenazas de muerte desde un número de teléfono español.
¿Y qué tiene que ver Sapieha con la lucha contra el furtivismo que ha incluido GOA en el menú de su viaje?
Dentro de las tierras que controla El Sapo viven 259 rinocerontes. Se relaciona con los paquidermos como si fueran vacas: los alimenta con zanahorias, deja que se acerquen a los vehículos y presume de reconocer sus hábitos y temperamentos.
El astuto ladrón se ha redimido como proteccionista aplicando a los furtivos los mismos métodos expeditivos que antes reservaba para los piratas de Al Shabab, una organización armada de tendencia yihadista que opera en Yemen y en varias zonas del cuerno de África, y sus enemigos.
Sapieha asegura que al principio su pequeño ejército de guardabosques detenía a los intrusos armados que mataban a los rinocerontes y los entregaba a la Policía. El problema, según él, es que casi todos regresaban a la calle al día siguiente. La situación cambió cuando uno de sus rangers fue tiroteado y quedó minusválido. A partir de ese momento, sus patrullas ya no hicieron prisioneros.
«He matado a 29 poachers (cazador furtivo)», afirma El Sapo con la naturalidad de quien recuerda los ciervos abatidos durante una montería. Desde 2020 no ha vuelto a morir un solo rinoceronte en toda la zona de Ol Pejeta que se encuentra bajo su control.