90
Félix Lorenzo Páramo, del ferrocarril a la primera alcaldía anarquista de Lleida
Elegido en octubre de 1936, acabó siendo una de las figuras más influyentes del movimiento libertario de la ciudad. Fue impulsor de la municipalización de la vivienda y de la mejora del salario mínimo. redactores de diario segre

El comité de Lleida, presidido por Lorenzo Páramo, a la izquierda. - SPANISH PHOTO AGENCY (CNT)/ARCHIVO FUNDACIÓN ANSELMO LORENZO (CNT)
Presidió el Comité Popular tras el fracaso del golpe de Estado, fue el primer alcalde anarquista de Lleida, impulsó la municipalización de la ciudad y convirtió ‘Acracia’ en una de las grandes cabeceras del pensamiento libertario antes de marchar al exilio.
Cuando el golpe militar de julio de 1936 fracasó en Lleida, la CNT, la UGT, el POUM, Esquerra Republicana, Acció Catalana Republicana y la Unió de Rabassaires constituyeron un Comité Popular que asumió el control de la ciudad. Al frente de la Paeria quedó Félix Lorenzo Páramo, un ferroviario de 27 años nacido en Ataquines (Valladolid). Presidió primero aquel comité revolucionario y, tras la constitución del nuevo consistorio decretado por la Generalitat en octubre de 1936, fue elegido alcalde y se convirtió en el principal representante municipal del anarcosindicalismo.
Tres años antes ya se había consolidado como uno de los dirigentes de la CNT leridana. En 1933 fue delegado en el Pleno Regional de Sindicatos Únicos de Catalunya y ese mismo año fue detenido junto a otros militantes tras participar en el asalto al cuartel de La Panera, uno de los principales episodios insurreccionales del movimiento libertario en Lleida. Paralelamente impulsó Acracia, el periódico de la CNT leridana, que acabaría convirtiéndose en una de las principales cabeceras del pensamiento libertario durante la Guerra Civil. Desde la alcaldía defendió el municipio como eje de la transformación social. Bajo su mandato se aprobaron la municipalización de la vivienda, los teatros y los cines, un plan de obras públicas, el aumento del salario mínimo hasta las 300 pesetas mensuales y la mejora de las pensiones de jubilación, que pasaron de 25 ó 35 pesetas a 100. Páramo llegó a presumir de aquellas medidas al afirmar que la municipalización de la riqueza urbana aprobada por el consistorio leridano era “la más avanzada de Catalunya y de fuera de Catalunya”. También reorganizó los servicios municipales y participó en las negociaciones entre CNT, PSUC, ERC y el resto de fuerzas del consistorio para mantener la estabilidad institucional. Su idea del municipalismo iba mucho más allá de la simple administración local. Definía el municipio como “la agrupación básica de nuestra sociedad” y sostenía que era “el único plenamente indicado y autorizado para resolver definitivamente las cuestiones de trabajo y producción, transportes urbanos, distribución y consumo, cultura, sanidad, higiene, asistencia social, urbanización y seguridad interior”.
Coincidiendo con el primer aniversario del 19 de julio publicó en el número de Acracia un extenso artículo donde repasaba su gestión y exponía su concepción del poder municipal. Allí defendía que “el municipio debía reconquistar las libertades perdidas y ampliarlas” y lamentaba que “la cohesión, coordinación y encauzamiento del impulso revolucionario se dificultó, se entorpeció, se obstruyó” por las luchas entre organizaciones. Aquellas reflexiones anticipaban las divisiones que acabarían debilitando el bloque antifascista y el enfrentamiento entre el proyecto municipalista de la CNT y la política de centralización impulsada por la Generalitat y el PSUC tras los Hechos de Mayo de 1937. En noviembre de 1937 renunció a la alcaldía y se incorporó al ejército como comisario político de una brigada sanitaria destinada en el frente de Aragón. Ya en el exilio recuperó su faceta periodística. En agosto de 1945 asumió la dirección del recién creado España Libre, editado inicialmente en París y trasladado después a Toulouse. En 1971 regresó a España para instalarse en Valencia. Allí falleció el 12 de febrero de 1992.