Crítica del concierto de Sopa de Cabra en el Paupaterres de Tàrrega: Las microvariaciones de Cabra
Crítica musical del concierto de Sopa de Cabra en el Paupaterres de Tàrrega. ★★★★★

Crítica del concierto de Sopa de Cabra en el Paupaterres de Tàrrega: Las microvariaciones de Sopa de Cabra
- Grupo: Sopa de Cabra
- Festival: Paupaterres de Tàrrega
- Fecha: 10 de julio
- ★★★★★
Sopa de Cabra aterrizó en el Paupaterres de Tàrrega en la gira que celebra los 40 años de trayectoria de la ya mítica banda catalana. El grupo, con hasta nueve músicos en el escenario, dio muestras de la buena forma con la que llega a dicho cumpleaños. Pletóricos, cohesionados, en forma y afinados. Sólo los agudos de Els teus somnis pudieron con la voz Gerard Quintana, que se mostró próximo al público y el territorio. Se hizo eco de una información de SEGRE, o al menos eso me pareció a mí, cuando agradeció la heroicidad de los payeses que con sus tractores ayudaron a frenar el incendio de Guimerà.
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Para oxigenar un poco la voz de Quintana, el grupo se ha permitido el lujo de girar con la cantante Beth, un acierto que da los coros e interpreta con su voz cortada un par de temas. Nada, del concierto nada más que añadir. Un diez, o nueve y medio si quieren. Qué más da.
Sólo algunas reflexiones. Para que un grupo llegue a las cuatro décadas de trayectoria debe cumplirse una premisa: poseer himnos, canciones intergeneracionales. Y para que esto así sea las deben de cantar en cada uno de sus conciertos. El Empordà la habrán cantado 5.000 veces, o más. Camins, El far del sud, más de lo mismo. Y otra premisa vital más es que cuando se ejecuten estos himnos se haga como si fuera la primera vez. Vale, esto mismo también les pasa a Loquillo y a los Rolling Stones, pero aquí hablamos de Sopa de Cabra. Lo de repetir canciones día tras día hasta la saciedad, cuesta. Porque la inercia y el cansancio podrían aparecer en cualquiera de estos miles de veces que tocan -otra vez, de nuevo, again- el Empordà. Pues pasa que Sopa de Cabra son leyenda porque tocan todos sus himnos en cada concierto y disfrutándolos. Como si no pasara nada, como si me los interpretaran sólo para mí, como si no pesaran. Y pesan.
Y para que no pesen aparecen estas microvariaciones ambientales que sacuden las cuerdas, y dan el punto de motivación y de ganas a los músicos. Estas microvariaciones las dan la magia del precioso festival que tienen montado en Tàrrega, el clima, las luces, el ambiente vibrante, el olor de las paraditas de comida y las instalaciones a lo Burning Man de Nevada.
Un apunte final. Josep Thió. Tras el reciente documental de 3cat -véanlo porque merece mucho la pena-, me resulta emocionante verlo contento, sonriendo y dándose al público. Buena señal para el grupo, créanme.