MÚSICA
Jordi Domènech, director artístico del ciclo 'La pedra parla' en el monasterio de Vallbona de les Monges: «Ofrecemos una experiencia»

Jordi Domènech - LA PEDRA PARLA
¿Cómo definiría la programación?
Se diseña completamente adaptada a la vida de la comunidad y a los espacios del monasterio.
¿Qué destacaría de los tres conciertos de este año?
Como siempre, he querido huir de lo más habitual y tenemos algún programa exclusivo. Inauguramos con un concierto de piano romántico religioso que he encargado expresamente al pianista Marc Heredia. También habrá un concierto de cuatro voces dedicado a la música del Renacimiento. Y el tercero supone un contraste con una propuesta que hice el año pasado: entonces presentamos el reestreno, después de 400 años, de una obra barroca que se había descubierto completa; este año he pensado en ir a una de las obras más populares de la época, Les quatre estacions de Vivaldi.
El ciclo supera ya la década de trayectoria. ¿Qué valoración hace?
Muy positiva. Cuando organizas un ciclo de conciertos quieres que acabe teniendo una personalidad propia, un público fiel y un carácter definido. Creo que la gente se ha dado cuenta de que es un ciclo diferente: pequeño, de proximidad, pero con propuestas artísticas muy cuidadas.
¿Qué aporta el monasterio a la experiencia musical?
Lo hace especial porque, evidentemente, es un privilegio poder actuar allí. Pero también implica adaptar todas las obras. Hay conciertos que se celebran al aire libre, en el claustro, y otros en la iglesia, cada uno con una sonoridad muy concreta. Además, hay una comunidad viva de monjas con sus horarios de oración y de descanso.
¿Cómo es la relación con las monjas?
Se les consulta absolutamente todo lo relacionado con el certamen. Nunca han puesto ninguna pega a mi programación; al contrario, siempre me han animado a seguir adelante y les gusta mucho la línea musical que ha tomado el ciclo. Son las primeras personas con las que comparto las propuestas. A veces hacen alguna aportación importante relacionada con los horarios, el aforo o alguna cuestión artística.
El ciclo está consolidado. ¿Cuál cree que es la clave del éxito?
Nosotros no vendemos únicamente un concierto, sino la experiencia de pasar un fin de semana en Vallbona. Se trata de asistir a los tres conciertos, cenar en el pueblo, encontrarte con la gente en el bar y en las piscinas. Vivir el primer fin de semana de agosto en Vallbona es una experiencia. Mucha gente reserva su plaza antes de conocer la programación. Se ha convertido en una especie de peregrinaje actual, una parada obligatoria.