Josep Maria Casals

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«Me va bien entrenar y estar con los jóvenes»
Josep Maria Casals tiene 55 años y sigue defendiendo los colores del Térmens. Agricultor de profesión y futbolista por pasión, Casals lleva más de 40 años jugando al fútbol, una actividad que le sirve como ejercicio físico y terapia. “Juego porque me gusta el fútbol. Me va bien entrenar y mezclarme con los jóvenes”, explica. Para el de la Noguera no es raro ser incluso más mayor que sus entrenadores, adoptando así una figura de consejero en el vestuario. “Intento hacer grupo. Muchas veces me piden consejo y dentro de mis posibilidades aporto mi grano de arena”, apunta. Jugar no es la única labor de Casals en el Térmens, también es miembro de la junta. Una doble dedicación que pretende mantener, mientras el cuerpo aguante. “Llegados a este punto, voy semana a semana. Es una forma de colaborar con el pueblo”, concluye.
«No vivo del hockey, pero mi vida es hockey»
Para Judith Barceló, de 46 años e ingeniera química de profesión, el baloncesto ha sido el hilo conductor de su vida desde que se formó en la Peña Fragatina. Su salto más exigente llegó con el Cadí La Seu, con el que debutó con 19 años en el primer equipo, entonces en la Primera B estatal. Aquella etapa, compaginando estudios en Barcelona y baloncesto de alto nivel, fue corta. “Era demasiada presión sabiendo que no viviría de esto. Hice un cambio de chip porque me estaban haciendo aborrecer el baloncesto y a mí me encantaba, por eso decidí bajar categorías y ahí sí que volví a disfrutar”, recuerda. Ha jugado en Maristes, CB Lleida, Secà y ahora en el Torrefarrera, después de un parón de cinco años por maternidad. “Me engañaron, me dijeron que solo entrenaría y acabé con ficha”. Hoy comparte vestuario con jugadoras a las que dobla la edad, pero sigue disfrutando. “Desconecto por completo, corro como si tuviera 20 años y me olvido de todo”, afirma.n Miquel Serret empezó a patinar con tres años en Mollerussa, su localidad natal. Hoy, con 31, sigue jugando al hockey sobre patines mientras trabaja como director financiero en una empresa de Sidamon. Tras pasar un año en el Bell-lloc y quince en el Alpicat, con el que llegó a jugar en la OK Liga, este año ha regresado al Mollerussa, cerrando un círculo vital. Ha disputado ocho campañas en OK Liga Plata y una en la élite, siempre como amateur. “Como jugador no cobraba nada, solo gastos de gasolina y algún premio puntual”, explica. Aun así, su compromiso ha sido total. “Soy un fanático del deporte y el hockey es mi vida”, asegura. Tanto, que todas sus decisiones personales han girado en torno a la pista. Es padre de una niña de dos años, a la que ya le ha calzado unos patines: “El deporte me lo ha dado todo y quiero que ella viva esos valores”, afirma. Aunque no pueda vivir de ello, se considera profesional en la actitud. “Me preparo cada día por si llega la oportunidad”. Y si no llega, lo tiene claro. “Cuando deje de jugar pasaré al banquillo; entrenar me apasiona”, asegura.
«Vale la pena para fomentar el baloncesto»
Gerard Castells tiene 20 años y compagina sus estudios de ingeniera química en la Universitat de Barcelona (UB) con la práctica del baloncesto en el CB Tremp. Una dualidad que con los años y el aumento de obligaciones se ha vuelto todo un reto. “Este año he dejado de ir a entrenar porque no tengo tiempo. Está siendo más duro”, remarca. Sin embargo, poder transmitir la práctica del baloncesto es su gasolina para seguir compaginándolo. “A veces te planteas si vale la pena jugar dos partidos al mes y entrenar cuatro días contados, pero luego piensas que así el club puede seguir y se seguirá fomentando el baloncesto”, explica.Para el del Pallars Jussà, el baloncesto es “la vía para desconectar y estar con los amigos”. Aun así, las condiciones y contratiempos que debe afrontar le hacen plantearse el futuro de su práctica deportiva a largo plazo. “Difícilmente se puede seguir jugando si pagamos una cuota y con el gasto que suponen los viajes a Barcelona”, concluye el leridano.
«Mientras me divierta, seguiré jugando»
A sus 48 años, Pau Banda sigue compitiendo en Primera Catalana con el Inef Lleida. Informático de profesión, lleva jugando a voleibol desde los 10 años y federado desde los 15, sin haber parado nunca. “Es una distracción que te libera”, explica, consciente de que el deporte se ha convertido en una rutina imprescindible. Se formó en el desaparecido Almacelles y después pasó por Torrefarrera, Lleida, Inef, Sant Esteve Sesrovires, Balàfia y de vuelta al Inef. Con el Almacelles y el Balàfia llegó a competir en Primera Nacional y acumula nueve fases de ascenso, siempre como amateur. Nunca ha sufrido una lesión grave, algo que considera clave para su longevidad. “Mientras el físico aguante, pueda meter puntos y me divierta, seguiré jugando”, afirma. Con los años ha adaptado su juego: “Ya no salto como antes, pero tiro de recursos. Doy siempre mi máximo, pero sobre todo me lo paso muy bien. Este año cumplo los 49, espero llegar a los 50 jugando”, señala. Para Pau, el voleibol no supone una obligación, sino una forma de entender el tiempo libre y la vida.
«No me veo sin hacer deporte, para mí es vida»
Anna Fillat tiene 56 años y continúa en activo en el Handbol Alcarràs. Su trayectoria es tan extensa como diversa: atletismo, fútbol, baloncesto, fútbol sala, bádminton, balonmano y pádel. “He practicado deporte desde que estaba en la escuela”, explica, y esa filosofía la ha trasladado a sus hijos. Aunque siempre desde el disfrute, también conoció la exigencia del alto nivel cuando jugó en División de Honor con la Associació Lleidatana, donde sí cobraba algo. Hoy el deporte ocupa otro espacio. “Es parte de mi día a día, no me veo sin hacer deporte, para mí es vida. No se trata de ganar, sino de ir, disfrutar y sentirte viva”, resume.
«Por edad y trabajo, juego para disfrutar»
Adri Fernández tiene 39 años y en dos temporadas ha pasado de reventar porterías en Tercera RFEF, quinta categoría estatal, con el Mollerussa y el Atlético Monzón, a jugar en cuarta catalana con la UE Bordeta. “El fútbol ha sido un hobby que siempre me ha gustado. Este año he tenido ofertas de Primera Catalana, pero me cuesta mucho. Por edad y por faena juego para disfrutar con los amigos”. A pesar de los años, ‘Adri’ no pierde el olfato goleador. Con el club del Segrià ha marcado 36 goles en 13 partidos. Sin embargo, dice que “si no estoy bien físicamente, no puedo jugar. No voy andando, tengo que correr igual que todos”.